Te odio

Te odio

 

Antes de hoy odiarte no estaba en mi mente, ni en mi corazón, ni en mi vida pues.

No me caías bien, prefería claro no hablar contigo y evitarte, tanto en los corredores como en mis sueños.

Eras una entidad aparte y no te habías metido conmigo. Con algunos de mis amigos sí, pero siempre me enteré después, cuando la batalla había sido ganada.

 

 Pero hoy, y ayer, y los otros días desperté odiándote.

Odiando todas la letras de tu nombre.

Odiando el lugar que tomaste.

Odiando hasta tu soplo, inmunda bestia.

Te odio.

Desde hoy y desde ayer.

Desde  que a mi mesa te sentaste.

 

Las otras veces más o menos te dejé ser: el egoísmo gana más guerras que la maldad.  Se te había vencido. Innumerables veces, aquí y lejos, cerca de mí, o cerca de otros, la lucha seguía y tú perdías. Y la vez en que tú ganaste, estaba previsto, la sorpresa no fue por tu presencia. Fue por el momento que elegiste. Después de cierta edad, algunas batallas no son tan impactantes.

 

Pero hoy, y ayer, y el otro día, te sentaste a la mesa de los más jóvenes.

Y eso es imperdonable.

Por eso escúchame bien pinche cabrón, pinche animal, pinche cáncer pendejo.

Te odio.

 

 

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