Yo digo no

 

Yo digo no

 

Hablaba hace rato con una mamá como yo, como tantas otras.

Que tiene un hijo como yo, como tantos otros.

Y le preguntaba si siente como yo que deberíamos, podríamos, haber hecho las cosas diferente cuando eran niños, en la escuela.

Mandar a la chingada a los que los querían que encajaran en su molde.

Maldecir a los que hablaban mal de ellos.

Castrar a los que no nos daban esperanza alguna.

 

Aquí están nuestros hijos. Crecieron.

Y no son ni mejores ni peores que otros.

 

Entonces pienso que lo que puedo hacer es decirles a las otras mamás que ya estuvo suave.

Que escuelas, pues hay algo así como millones, que tenemos todo el derecho de defender a nuestros niños frente al profe, frente a la dirección. Que se puede cambiar de escuela mil veces, nadie se ha muerto por hacerlo.

Que sí, que sí queremos que nos guíen, que nos ayuden cuando algo está tan mal que nuestros niños son infelices.

Pero que nadie ni nada autoriza a la escuela a lastimar a un niño.

Y que tenemos el derecho, la obligación de plantarnos frente a esa gente y a decir: no.

No a los castigos arbitrarios y repetitivos.

No a las etiquetas salvajes que los siguen de por vida.

No a la falta de empatía, de consejo.

No a la ausencia de seguimiento emocional.

No y no y no.

En el patio, en el corredor, en la entrada.

No, no, no.

Y repito la seña de vete muy a la chingada que hice el otro día frente a la escuela en la que fuimos humillados, menospreciados, estropeados…

 

Si pudiera volver a empezar, yo diría no, en voz alta.

Y luego sí a mi niño.

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Je dis non

 

 

 

 

 

 

Je dis non

 

Je parlais tout à l’heure avec une maman comme moi, comme plein d’autres.

Qui a un enfant comme moi, comme plein d’autres.

Et lui demandais si elle sent comme moi que nous aurions dû, pu, faire autrement quand ils étaient enfants, à l’école.

Envoyer paître ceux qui voulaient les faire rentrer dans leur moule.

Maudire ceux qui disaient du mal d’eux.

Châtrer ceux qui ne nous donnaient aucun espoir.

 

Nos enfants sont là. Ils ont grandi.

Et ne sont ni plus ni moins bien que d’autres.

 

Alors je me dis que ce que je peux faire c’est dire aux autres mamans que zut, que merde.

Que l’école, ben y’en a des millions, qu’on a le droit de défendre nos gamins devant l’instit, la direction. Qu’on peut changer d’école mille fois, c’est pas la mort.

Que oui, on veut bien être guidés, aidés quand quelque chose ne va pas au point que nos gosses sont malheureux.

Mais que rien ni personne n’autorise l’école à faire du mal à un enfant.

Et que nous avons le droit, le devoir de nous planter devant tous ces gensses et de leur dire : non.

Non aux punitions arbitraires et répétées.

Non aux étiquettes sauvages qui les suivent pour la vie.

Non au manque d’empathie, de conseil.

Non à l’absence de suivi émotionnel.

Non et non et non.

Dans la cour, dans le préau, dans le hall d’entrée.

Non, non, non.

Et je répète le bras d´honneur que j’ai fait l’autre jour à l’école où nous avons été humiliés, méprisés, abîmés…

 

Et si je pouvais recommencer, je dirais non, à voix haute.

Et puis oui à mon gamin.

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Le matin

Le matin

 

Quand j’ouvre ta porte le matin, je respire son atmosphère.

La chaleur me rassure, ton odeur de fauve me remplit de bonheur.

Puis je m’approche, tends la main, guette ton souffle.

Parfois il est imperceptible, la peau que je touche est froide.

Avant de te parler, je cherche à sentir le battement de ton cœur.

Est-ce parce que ton corps est si grand, si massif, mais je ne le trouve jamais.

Je tire la couverture, la peau est chaude dessous. Je retouche l’épaule, elle est glacée.

La peur ne monte pas, elle envahissait déjà tout mon moi.

C’est la peur aux ventre, pire, aux entrailles, c’est la peur jusqu’au bout des ongles, dans mon cœur à moi qui ne sait plus s’il bat ou s’il galope. C’est la peur immonde, bestiale, qui ravage tout sur son passage.

Puis j’arrive à parler, ma puce, c’est l’heure du médicament, Puce, réveille-toi.

Souvent, oh si souvent, tu ne réponds pas, tu ne bouges pas. Il faut parler encore, plus fort, te tirer le bras, si lourd pour moi.

Et tu ouvres les yeux, tu parles, tu protestes d’ailleurs.

Ce matin, tu es vivant.

La peur aussi.

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Por la mañana

Por la mañana

 

 

Cuando abro tu puerta por la mañana, respiro su atmósfera.

El calor me tranquiliza, tu olor animal me llena de dicha.

Entonces me acerco, alargo el brazo, busco tu soplo.

A veces es imperceptible, la piel que toco está fría.

Antes de hablarte, intento sentir el latido de tu corazón.

Será porque tu cuerpo es tan grande, tan masivo, pero no lo encuentro nunca.

Jalo la cobija, la piel está caliente por debajo de ella. Vuelvo a tocar el hombro, está helado.

El miedo no sube, ya invadía todo mi yo.

Es ese miedo que muerde mi vientre, peor, mis entrañas, es el miedo hasta la punta de mis uñas, en mi corazón mío que no sabe ya si late o galopa. Es el miedo inmundo, bestial, que todo devasta sobre su camino.

Entonces logro hablar, mi puce, es hora de la medicina, Puce, despierta.

Seguido, oh tan seguido, no contestas, no te mueves. Hay que hablar otra vez, más fuerte, jalar tu brazo, tan pesado para mí.

Y abres los ojos, hablas, es más, protestas.

Esta mañana estás vivo.

Y lo está el miedo también.

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Que sentiments

 

Je ne suis que sentiments.

Rien d’intellectuel dans ma réaction de ce matin, des jours derniers, des mois… Des années.

 

Attaques. Assassinats. Enlèvements. Décapitations. Disparus. Mort. Peur. Colère.

 

Armement. Alliances. Bombes. Torture. Mort. Peur. Colère.

 

Monnaie. Pétrole. Bruit. Pollution. Mort. Peur. Colère.

 

Voix. Regards. Moqueries. Menaces. Mort. Colère.

 

Maladies. Médecins. Assurances. Hôpitaux. Mort. Peur.

 

 

Peur Colère. Peur Colère. Peur Colère.

 

Des envies folles de rester chez moi, enfermée, comme je le fais depuis six mois.

Des envies folles de prendre une arme et d’aller en descendre quelques-uns.

Des envies folles de maudire le ciel.

Des envies folles de courir et de ne jamais m’arrêter.

 

Des envies aussi, moins folles, de classer mes peurs par ordre alphabétique, puis de les affronter une par une.

 

La sensation écrasante de ce que ma vie, et la tienne, dépendent d’un coup de dés lancés par une poignée de personnes qui ne me connaissent pas.

 

Impuissance ou faiblesse ?

Parler ou se taire ? Parler pour qui, pour moi ? Risque pas de me contredire. Pour les Grands ? Y s’en ont rien à faire de mes petites lettres balancées sur un blog…

Parler juste pour ne pas se taire ?

Parler juste pour le plaisir d’aligner des mots ?

Parler au lieu d’agir ? Agir comment ?

 

Marre d’être le caillou ballotté par la mer.

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Sólo sentimientos

 

No soy más que sentimientos.

Nada intelectual en mi reacción de esta mañana, de los días pasados, meses… Años.

 

Asaltos. Asesinatos. Secuestros. Decapitaciones. Muerte. Miedo. Ira.

 

Armamento. Alianzas. Bombas. Torturas. Muerte. Miedo. Ira.

 

Moneda. Petroleo. Ruido. Contaminación. Miedo. Ira.

 

Voces. Miradas. Burlas. Amenazas. Muerte. Ira.

 

Enfermedades. Médicos. Seguros. Hospitales. Muerte. Miedo.

 

 

Miedo Ira. Miedo Ira. Miedo Ira.

 

 

Locas ganas de quedarme encerrada en casa como lo vengo haciendo desde hace seis meses.

Locas ganas de agarrar un arma y darles cran a unos cuantos.

Locas ganas de maldecir al cielo.

Locas ganas de salir corriendo y de no detenerme jamás.

 

Ganas también, no tan locas, de clasificar mis miedos por orden alfabético, para luego afrontarlos de uno en uno.

 

 

 

La sensación aplastante de que mi vida, y la tuya, depende de una tirada de dados lanzados por un puñado de personas que no me conocen.

 

¿Impotencia o debilidad?

 

¿Hablar o callar? ¿Hablar para quién, para mí? Ni quien me contradiga en ese caso. ¿Para los Grandes? Como si fueran a pelar mis letritas aventadas en un blog…

¿Hablar sólo por no callar?

¿Hablar solo por el placer de alinear palabras?

¿Hablar en lugar de actuar? ¿Actuar cómo?

 

Hasta la madre de ser la piedrita revolcada por el mar.

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Sin encabezado

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Sin encabezado

 

No encuentro como platicarte lo que pasa, lo que veo.

No hallo palabras contundentes, imágenes fuertes.

No hay ni piruetas fáciles, ni sarcasmos potentes.

 

Hace unos días, aparecieron, así se dice, aparecieron 6 cuerpos decapitados y 3 cabezas.

No supe si quedaron acoplados de a 3 cuerpos enteros y 3 descabezados para la eternidad, o si ninguno se conocía desde endenantes. Que no es lo mismo 6 y 3 que 3 por un lado y 3 por otro.

En cuanto bajo la guardia veo cabezas rodando por las calles, calles que van cuesta abajo, y veo sus ojos estallar bajo los golpes, por las piedras del camino, claro.

Y se pinta la luz de sangre.

Alcanzo a pensar que si esas cabezas llevan tiempo cercenadas, la sangre no mancha, ya se ha de haber coagulado. Lo que he perdido son las palabras, no la cordura.

 

Y cordura no me falta al imaginar una posible línea de reconocimiento de los occisos, por aquello de que acá los asesinados son presuntos delincuentes, siempre. Lo de los daños colaterales ya no se menciona en nuestro país.

Veo cabezas empaladas y cuerpos crucificados, no se vayan a ser víctimas de una presunta caída…

 

 

¿Sabes cuantas veces empecé a escribir hoy?

6.

Y 3 encabezados diferentes.

 

Ya de esos muertos del otro día no se habla.

No sabemos siquiera si a los muertos, presuntos padres, hijos, hermanos, delincuentes, desaparecidos, asesinados ya los enteraron o cómo.

¿Ataúdes? ¿3 y 3, o 9?

¿Bolsas negras? ¿Chicas o medianas? Porque grandes no, si las cabezas se pueden acomodar perfecto entre las dos piernas de un cuerpo que no tiene cabeza, pero que sí fue la suya, presuntamente…

Se antoja, sabes, platicarte también

De niños baleados

De padres atropellados

De mujeres violadas

Tanta muerte.

Tanto espanto.

 

Tú… Tú me interrumpes, una vez y luego otra.

Con risas y juegos. Flores en las calles, en las que no ruedan cabezas, estrellas por la noche y viento, viento recio que me despeina.

Entonces dejo de escribir.

 

Pero dime.

Dime puta vida, ¿lo tuyo es resiliencia o es indiferencia?

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Sans en-tête

 

 

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Sans en-tête

 

Je ne sais pas comment te raconter ce qui se passe, ce que je vois.

Je ne trouve pas de mots frappants, d’images fortes.

Il n’y a ni pirouettes faciles, ni sarcasmes puissants.

 

Il y a quelques jours on, oui « on », on a trouvé 6 corps décapités et 3 têtes. Sur le toit d’une voiture.

Je n’ai pas su si « on » a réussi à former 3 corps entiers puis 3 étêtés à jamais, ou si aucun  ne se connaissait du temps d’avant. Parce que voilà, 6 et 3 c’est pas pareil que 3 d’un côté et 3 de l’autre.

Dès que je baisse la garde je vois des têtes qui roulent dans les rues, des rues qui courent, et je vois leurs yeux exploser sous les coups, y’a des pierres sur le chemin, évidemment.

Et la lumière se teinte de sang.

J’arrive quand même à me dire que si ça fait un temps que les têtes ont été tranchées, le sang ne tache pas, il a dû coaguler depuis. Ce que j’ai perdu ce sont les mots, pas la raison.

 

Et la raison ne me fuit pas quand j’imagine une possible ligne de reconnaissance des occis, vu qu’ici les assassinés sont des délinquants présumés, toujours. L’histoire des dommages collatéraux, y’a un bail qu’on, encore « on », n’en parle plus dans notre pays.

Je vois des têtes empalées et des corps crucifiés, faudrait pas qu’ils souffrent d’une chute… présumée.

 

Tu sais combien de fois j’ai commencé à écrire aujourd’hui ?

6.

Avec 3 en-têtes différents.

 

Ces morts de l’autre jour on en parle déjà plus.

On ne sait même pas si les morts, tous présumés pères, enfants, frères, délinquants, disparus, assassinés ont déjà été enterrés ou quoi.

Des cercueuils ? 3 et 3 ou 9 ?

Des sacs noirs ? Petits, moyens ? Parce que grands, c’était pas nécessaire, vu que les têtes on peut les coincer entre les jambes d’un corps qui n’en a plus, mais à qui elle est présumée appartenir…

 

J’ai envie, tu sais, de te parler aussi

D’enfants criblés de balles

De pères écrasés

De femmes violées

Tant de douleur.

Tant d’épouvante.

 

Toi… Toi tu m’interromps, une fois puis une autre encore.

Avec des rires et des jeux. Des fleurs dans les rues, des rues où ne roulent pas de têtes, des étoiles la nuit et du vent, un vent rude qui me dépeigne.

Alors j’arrête d’écrire.

 

Dis-moi pourtant.

Dis-moi salope de vie, ton truc c’est de la résilience ou c’est de l’indifférence ?

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El jardín- el rayo- los jardineros- lo demás

El jardín- el rayo- los jardineros- lo demás

 

Es un titulo largo, te lo concedo.

Pero se me antoja meter todo, o casi, en él.

¿Recuerdas cuando cayó un rayo en el jardín, el año pasado? ¿Y como súbitamente nos cambió el paisaje?

Pues en esas seguimos.

Varias veces nos hizo temblar la tormenta, varias veces corrieron todos los jardineros. Sí, todos, somos un buen. Algunos con pala y podadora en mano, otros nomás viendo.

 

Y siempre, todo el jardín renace, no nada más el árbol herido.

Él es raro, hace la primavera cuando se le antoja, un sábado echa mil brotes y ya para el lunes decide que se hartó. Entonces, después de un apapacho, así es el arbolito, encuentra nuevas hojas para cuidar.

Aunque, a cada vez que el cielo se torna obscuro, se caigan todas.

 

Ayer, todos tuvieron miedo. Otra vez.

Nomás porque saltó tantito una ardilla.

Y todos corrieron porque así son los jardines, estilo el zorro del Principito, ya que nos hablamos de tú, p’s, no hay marcha atrás.

 

Pa’ decirte entonces que el jardín sí es muy frágil, aunque le eche todos los kilos.

Que los jardineros buscan y cavan y hacen todo lo posible, todos.

Que el famoso árbol está muy bien atendido, hay unos trozos de madera bien fuertes con él, plantas del desierto, otros árboles y hasta una hortensia.

Pero que sí, los jardineros están acabando por odiar hasta a las ardillitas pendejas…

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Le jardin- la foudre- les jardiniers-le reste

Le jardin- la foudre- les jardiniers-le reste

C’est un long titre, j’en conviens.

Mais j’ai envie de tout, ou presque, y faire tenir.

Tu te souviens de la foudre dans le jardin, l’année dernière ? Et de comment le paysage a changé sous nos yeux ?

Eh bien on y est encore.

Plusieurs fois la tempête nous a fait frémir. Plusieurs fois tous les jardiniers ont couru. Oui, tous, nous sommes tout un paquet. Certains bêche et sécateur en main, d’autres juste leurs bras ballants.

Et à chaque fois, tout le jardin reprend, pas juste l’arbre blessé.

Lui il est marrant, il fait le printemps quand il veut, bourgeonne un samedi puis le lundi décide que c’est marre. Puis après un câlin, il est comme ça cet arbre, il trouve encore de nouvelles feuilles à faire renaître.

Même si, à chaque fois que le ciel vire au noir, elles tombent toutes.

 

Hier, tout le monde a eu peur. Encore une fois.

Juste parce qu’un écureuil a sauté un peu fort.

Mais tout le monde a couru parce que les jardins c’est comme ca, genre le renard du Petit Prince, une fois qu’on est ensemble, qu’on s’appelle par notre petit nom, eh bé, y’a pas de marche arrière.

 

Pour te dire donc que le jardin reste bien fragile, même s’il réunit toutes ses forces.

Que les jardiniers cherchent et  creusent et font tout ce qu’ils peuvent, tous.

Que l’arbre en question est bien entouré, y’a de sacrés bouts de bois avec lui, des plantes grasses, d’autres arbres, un hortensia même.

Mais que oui, les jardiniers ont finit par détester même les petits connards d’écureuils…

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