El lavadero

 

 

 

En casa, mi casa de allá, hay un cuarto de lavado, enorme. Tan grande que sirve tantito de bodega de despensa de cuarto para darse tantito miedo.

En ese cuarto de lavado, bajo las ventanas que dan a la higuera, un lavadero.

Una cosa viejona, bastante fea, de cemento.

Grande, tan grande para lavadero como lo es el cuarto de lavado para los cuartos de lavado.

Tan grande que papá dejaba remojar en él toda su parafernalia de pesca submarina con todo y su mochilón verde.

Tan grande que mi hermano cabía en él, de pie, cuando niño, para enjuagar con agua clara el agua de mar en su piel.

Tan grande que nuestras pescas más impresionantes parecían irrisorias en él.

Tan grande que los niños no veían su interior.

Por un lado, algo como un reborde, ancho, recto.

Encima, se podían poner varias pares de chanclas después de pescar para quitarles el lodo las conchas incrustadas en la suela el alquitrán también.

Se podía poner en él toda la ropa para lavar, los camisones de franela aunque fuera verano, el pantalón de mezclilla de papá, el vestido de flores de la abuela, los trajes de baño de los más chicos, el suéter gris d perlas de mamá.

Del otro lado, un cepillo viejo. De la edad de mi adolescencia. Un jabón que apesta, sí, fatal el olor, pero que desmancha. El jabón debía ser más reciente, pero sequía siendo mi infancia mi adolescencia.

¿Oda al lavadero?

Un poco.

Pero sobre todo oda a los objetos tocados por mis abuelos, mis papás, mis hermanos, hasta mis primos de Marsella. Olores de agua, no desperdicien el agua caliente, olores de jabón apestoso, de pescado crudo, de mar, sal, cielo.

 

Ese lavadero fue destruido recientemente, por una persona que no sabe, que no podía saber, pero que podría haber adivinado. También retiró una chimenea, peligro dijo, un piso de linóleo, horrible, pero mío, nuestro, peligro, una pared en mi recámara, peligro, los gabinetes de los baños, ¿otra vez peligro?, y los árboles, los arboles del jardín de la izquierda. Los muebles antiguos, los cuadros, relegados al cuarto de lavado bodega despensa cuarto que asusta.

Ya sé, la razón debería triunfar, peligro, modernidad, comodidad, pero mi razón me grita que debería de haber preguntado.

No sabe, ya sé, pero debería.

Y no sé qué parte de mí murió, pero el luto es muy duro de llevar.

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