Milagrosa

Milagrosa

Quisiera nada más… nada más detener el tiempo y los días, tomarte en mis brazos y protegerte.

Así…nada más.

Que no tuvieras ni miedo ni dolor ni frío ni calor ni sed.

Quisiera ser Gran Manitú omnipotente y hacer milagros.

Si Él no oye, o si Le divierte hacernos llorar, sería yo como una mamá de recién nacido, te cargaría todo el tiempo y te acariciaría la cabeza. Mordería a quien se acercara y le contagiaría mi rabia.

Iríamos a la playa, a ese lugar en donde hay justo suficiente sol y justo suficiente sombra, y haríamos castillos, aquellos que nunca hicimos. Y luego comeríamos un helado, frente al mar. Porque serías uno de esos recién nacidos milagrosos también, de los que hablan y a quienes les gusta el chocolate.

Por la mañana podríamos quedarnos en el apapacho de mi cama, dejaríamos participar a todos, incluso a las arañas.

Y yo haría una muralla con las cobijas, los cojines, mi cuerpo. Y Él no podría ya nunca hacernos tanto daño. Y yo te diría todo lo que te quiero, y tú lo sabrías, lo sentirías en todo tu ser. Y yo sería mágica, y tú no tendrías ni miedo – ni dolor – ni frío – ni calor – ni sed.

Serías sólo muy pequeñito, metido entre mis brazos.

Y yo sería más fuerte que todo, más fuerte que Él y ganaríamos la partida, la batalla, todo.

Y con Él no volveríamos a hablar nunca, que por tanto estar chingue y chingue aquí ya se Le odia.

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