Cielo azul, brilla el sol.

Y sin embargo… Sin embargo el jardín ahora no hace más que sobrevivir.

Tiene demasiado calor, busca una brisa fresca. Le hace falta el aire, terriblemente.

O luego tiene demasiada sed, espera a diario las gotas de agua que no vienen más del cielo, sólo de una manguera chueca que se bloquea cada veinte centímetros.

Una planta, la que da flores amarillas, sabes, a las les digo narcisos por puro gusto, sufre todo el día, no se endereza más que de noche.

Los dos cactus siembran desorden: el primero florece, alimenta retoños, el otro se pudre, lentamente.

Los jardineros sin embargo se afanan, corren, transpiran.

Pero nada sirve.

Contemplan impotentes como se amarillenta lo verde de las hojas.

Y sin embargo… Sin embargo la higuera ahora regala higos.

Está chalada, siempre se ha sabido.

Entonces le damos chance que sus higos, los siga regalando.

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