Epifanía

8 mai 2016

 

Epifanía

Llevo días con esto atorado en el corazón.

No he tenido tiempo de escribir pero sé perfecto lo que quiero decir.

Y hasta cómo.

Entonces hoy vengo a sacar todo. Puse a Miguel Mateos para escribir, ando con la planta desértica y eso…

 

Fuimos a una fiesta. No a una reunión, no. A una fiesta con música en vivo, globos en el piso, y un humo blanco que salía por todos lados. Alcoholes, buffet, gente, mucha gente, conocida, reconocida y desconocida. Con gente de nuestra edad jugando a que no lo es.

Yo iba tensa: entre la pinche ropa que no me queda, los zapatos que no me caben, que era de noche, lejos de casa, y luego días, semanas de dolor incapacitante, no era fácil. Pero me llené de analgésicos, me puse chanclas de alberca, y agarré camino.

Porque era una fiesta importante, un cumpleaños, un principio de vida, no un recuento de daños.

 

Al llegar, obviamente saludé a un señor que no conocía confundiéndolo con otro que más o menos conozco pero que no llegó. Lo tomó muy bien, igual convive con gente como yo. Luego me saludó una chava que no reconocí, platicamos. Una hora después, la fui a ver para saber quién chingaos era.

Lo normal pues.

Pedí luego luego un uisqui… Había decidido no tomar que porque los analgésicos pero ya en medio de todos, pz no hubo pensamientos previos preparadores que valieran. Y le llegué al salchichón que había en las mesas, muy monas ellas, con sillas y sillones re-elegantes.

Y empezó la música.

Y me perdí.

Era “nuestra” música, de la de antes, de  los años en que empiezas a ir a fiestas, a bailar, a regresar de madrugada a casa, o temprano porque no te hallas.

 Queen, para empezar.

https://www.youtube.com/watch?v=fJ9rUzIMcZQ&list=RDfJ9rUzIMcZQ

Ésa la pidió el mareado esa noche y también para su velorio, que de todas maneras dice que no quiere velorio cuando le toque, pero la música ya la tiene escogida.

Me sentí chiquita. Muy chiquita.

Había compañeros de la prepa, música de la prepa. Luz de la prepa.

Y yo en medio, regresando a la ansiedad de esos tiempos, al miedo, a la soledad profunda.

Al “quiero que me quieran”.

 

Ya habían empezado a bailar algunos, como siempre, unos pocos, mientras los demás decidían si querían comer, beber o mover el esqueleto.

¡Y que nos ponen September!

https://www.youtube.com/watch?v=Gs069dndIYk

Bueno como resortes.

Fue difícil, los que tienen fibro saben, los que tiene algún dolor crónico también. Bailar no es fácil cuando las piernas dicen que no. El dolor quiso bailar también y se divirtió de lo lindo, cabroncillo… El mareado me ayudó, siempre me ayuda a bailar, me sostiene de la mano y con la mirada. Seguimos allí brinque y brinque.

Y me regresé a mi mesa, con mi amiga de la prepa. Y pedí otro uisqui, pa’ la calor. Nos fue llevando la conversación,  a esos tiempos en los que no éramos nadie. Siempre me sorprende cuando me dicen otros que se sentían igual de solos que yo. Si se les veía re-bien, riendo y platicando por los corredores de la escuela. Como andamos todos tan re-concentrados en nosotros que no vemos nada, ¿verdad…?

Llegó el tercer uisqui, no lo pedí, pero me lo enfilé igual.

Llegó una amiga, a la que le acaban de reconstruir los senos. Y, como en las películas, me propuso tocarlos. Saben que los senos me gustan. Pero nunca había tocado los de otra mujer. Lo hice. Y fue una delicia, me volveré adicta, lo siento, amigas, cuiden su pecho de mis manos golosas, más si ando tomando. Lo único que siento es no haberlos tocado con más ganas.

Cambio de música, radical. Miguel Mateos.

https://www.youtube.com/watch?v=z1qYtcGlck0

Y de pie de nuevo. Y a bailar, con mucha ayuda. No, nada que ver con el uisqui, ése lo estuve sudando toda la noche. Pero sí, tambaleándome, mucho. Firmemente agarrada del hombro y de la mano del mareado. Los dos reviviendo.

Y ahí fue donde entendí.

No soy la de antes. Sigo diciendo “quiero que me quieran”, sí. Pero la que soñaba con agarrar una guitarra y treparse a la tarima del auditorio de la escuela para que la vieran, la reconocieran ya lo hizo.

Sigue con miedos, y un chingo. Pero día a día los vence.

 

Agarró sentimientos e ideas, y los defiende sobre papel. En la calle. En encuentros, por teclado. Y la oyen. Y sigue hablando, a veces a lo pendejo, pero no se queda callada. Nunca más.

 

Ya es grande, ya sabe qué va a hacer. Lo está haciendo.

35 años han pasado desde esas fiestas  en las que bailaba sola, porque nadie la miraba.

35 años en que le dijeron al novio de esos días, el único antes del mareado: “¿Cómo, sales con eso?”

35 años que se lo repitió el muy idiota.

 

No llevo 35 años trabajando en ser yo, llevo 51 desde que nací. Y de manera consciente unos 15 nada más.

Y lo logré. No bailo sola, no puedo. Pero bailo.

Soy yo: Gwenn-Aëlle.

Y me eché otro uisqui. Y bailamos rock.

 

Agradecimientos:

A los que desconocí

A la amiga de la prepa

A la de la fiesta y a sus senos

Al mareado por ayudarme a bailar

A mí. A mí.

Cet article a été publié dans Uncategorized. Ajoutez ce permalien à vos favoris.

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s