Algunas canastas

 

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Algunas canastas

A la hora de pescar cangrejo, es bueno llevar una canasta. Y hacer las cosas con cuidado. Porque los cangrejos pellizcan.

No importa si son verdes  rojos o color arena, levantan sus pinzas y escupen burbujas de saliva rabiosa. Entonces se les cubre con algas para  impedir que huyan para mantenerlos al fondo también para esconderles el sol.

Dentro de la canasta hay guerra siempre. Está el gordo peludo que aplasta a los demás que le vale que no puedan respirar. Está la jaiba flaquilla viva que pellizca que escupe que se trepa por los lados que busca escapar. Está la centolla que despliega sus largas patas que trata de ganarles a todos. El cámbaro que ya no duerme que recoge sus pinzas que observa que muere.

Y el cangrejillo verde que está allí por error incomible.

Trata de esconderse bajo un alga obscura o bajo una de las trenzas de la canasta. No quiere ser parte del mismo grupo aunque sepa servirse de sus pinzas aunque esté escupiendo también. A veces, muy de vez en cuando, se agarra del borde de la canasta intenta huir pero es inútil. Aunque pudiera salir la caída sería vertiginosa mortal. Se ahoga entonces poco a poco.

Las canastas para cangrejo se siguen  se parecen todas llenas venenosas bajo sus algas brillosas resbalosas.

Los gordos peludos los anaranjados los azules brillantes  los verdes extraviados se dan la espalda para escupir una última vez luego mueren, el vientre torcido de miedo

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