¡Ya estuvo suave!

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¡Ya estuvo suave!

No sé que quieres. Ni siquiera sé si tengo que decir tú o ustedes, si eres uno o varios.

Me lo das todo. Estoy por fin en donde quería estar.

Y en mismo tiempo, bajita la mano, por detrás, me dices que no, una y otra vez. Chingue. Y chingue. Y chingue.

Ya aprendí a caminar otra vez dos veces.  Ya aprendí a salir a la calle sola otra vez. A hablar con los demás.  A saber quien soy, lo que quiero, para dónde voy.

Y resulta que tú juegas, piensas, mira ésta todavía no se la he hecho, va. Y como ves que salgo adelante, pues se te ocurre otra chingaderita.

¡Deja de fregar  de una vez!

Ya no veo.

Ya no pienso.

Ya ni hablo bien, se me pierden las palabras.

Camino todo el día y lloro. Me haces llorar. Huyo frente a mí y me sigues a todos lados. Corro y trato de entender. ¿Qué chingados quieres pues?

Si lo pongo todo frente a mí, si lo examino, si busco el por qué, el cuándo, el cómo, lo sagrado, lo espiritual, lo no-material, lo no eres tú soy yo, la explicación que habría dado papá, pienso que lo que quieres es que me detenga. Que medite, que piense, que reflexione. Pero también que haga, que dé, que me lance. Que pinte, que escriba, que comparta. Que viva. Quieres que piense ¿verdad?, y me haces olvidarlo todo. Quieres que vacíe mi mente, pero que esté presente. No eres nada claro y yo ya estoy hasta la madre, ya no sé para dónde jalar.

No me dejas entender, tú, no yo. Tú. Me atas, me hundes, me torturas.

Me maltratas cual pedazo de vela en medio de la tempestad, sin soltarme nunca, prisionera de tu viento, de tu ira.

Y de repente, en medio de mi desierto muy particular, en medio del viento, de la lluvia torrencial, me mandas un hombre que me da un beso en cada mejilla, cuya mirada se pierde todavía más que la mía y que me habla en arameo… en arameo, ¡chinga! Y que me da la paz, así, en medio del ruido ensordecedor de los demás, en medio de las luces que yo ya no veo. Y apoya un poco sobre mis hombros sus manos agrietadas por el frío , acá a media ciudad de México, y murmura en arameo, joder,: la paz sea contigo, y me calma, calma la tempestad, yo ya me iba directo al puente, me dice que todo va a estar bien, que puedo llorar, que puedo llorar, que puedo llorar…

No lo soñé, otros lo vieron, inclusive escribió en un pedacito de papel, con escritura temblorosa, tres palabras, que metió a mi bolsa, y se fue.

Antes de encontrármelo, yo pedía, suplicaba, necesitaba ayuda. Y tú, ustedes, yo, oyeron, oímos. Pero…

¿Para qué me torturas si me vas a mandar un ángel? ¿A qué chingados estás jugando?

Porque la verdad, te agradezco la ayuda, pero si me chingaras tantito menos, podrías hacer algo más interesante con tu tiempo.

Ya estuvo suave , chinga, ya estuvo suave…

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