De cabello

De cabello

 

Llevo unos días buscando qué diablos escribir y nomás no se me ocurre nada…

Bueno, mejor dicho, sí, se me ocurren un montón de cosas. Pero son pendejadas, no me laten, no me sirven para decir lo que quiero decir.

 

Pienso en hombres de sienes plateadas, los de las novelitas rosas… tan distinguidos, ¿verdad? Y me acuerdo del cabello negro salpicado de blanco de no sé qué detective de no sé tampoco qué historia de policías y ladrones. Era muy inteligente el hombre, y seguro lo blanco de su cabellera tenía algo que ver, ¿o no? Luego pienso en los bigotes negros de ciertos hombres,  que andan muertos de la risa bajo las cabelleras blancas de  sus dueños. De veras que hay pelos que nos ven la cara, ¿no? Cara de peludos o  de lampiños, pero bien que nos la ven.

Pienso también en esos pasillos del súper sabes, llenos de cajas de colores para el cabello, treinta colores diferentes para las mujeres, y algo así como dos para los hombres.

Recuerdo la alegría de mi hija cuando recibió varias  de esas cajas, para Navidad, para que jugara. Y pasó por todos los colores, amarillo, azul, negro, rojo… Y luego claro que se tuvo que cortar el cabello, si no juega quien quiere con esas cosas sin sufrir consecuencias…

Pienso en los colores que me gusta ponerme en la cabeza, como a mi hija, o a ella como a mí, azul, morado, rosa…

Pienso en mis amigas, las que se ponen pintura sobre el cabello para no parecer tener la edad que tienen…

Y pienso en otras amigas, que se pusieron pintura también, pero que no se hacen ningún retoque, y que parecen viejas cacatúas, tiernas claro, pero viejas.

Pienso en las mujeres que conozco, las que se dejan las canas, tan bellas, tan claras, tan luminosas.

Que saben perfecto que no cualquier pendeja va a llegar a su edad con orgullo y a presumir su cabellera blanca. O  que les viene valiendo madres, pobre Juárez…

No que pintarse el cabello sea malo… No, no, no… Se necesita de todo para construir un mundo, y claro que también pa’ vender pintura.

 

Y luego pienso en ti, y me atoro.

 

Porque no sé cómo decirte, con qué palabras exactas escribir.

Porque para empezar, a ti no se te cayó el cabello por vieja, fue la quimio la que se lo llevó.

Y luego tampoco por vieja te está creciendo blanco, eso es, no sé, tu cuerpo gastándote una broma, o tal vez el tímido reflejo del pinche susto por el que acaba de pasar.

Miro tu foto, y te veo hermosa, con tus pelillos de changuillo alborotado como te dijo tu hijo, pinche chamaco, que no halla como decirte que él también te ve hermosa…

Porque, con tu piel pálida todavía, tus espigas erguidas sobre la cabeza, sin aquel seno también, pues qué te digo… Me gustas Chava, me gustas

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