La nada

La nada

 

Súbitamente  todo se derrumba en un estruendo ensordecedor

Y del sol deslumbrante surge una llama de sangre que, gota a gota, cae y se estrella con un ruido sordo

Cerca del suelo, las estrellas enrojecidas bailan  e invaden mi universo

No hay más que sangre…

Sobre la púrpura se agita un fantoche desarticulado,  máscara petrificada: sonríe

Una asamblea silenciosa lo aclama y ruge el placer de perderse en la nada

Y afuera el viento aúlla su ira y vocifera sin fin, prisionero de su locura

Busca ser amado

 

Y súbitamente su rabia se transforma en sollozo

Llora sin lágrimas, solitario

Llora la derrota del fuego, de los cuerpos abrasados

Grita por fin la presión del lodo que sube y lo encierra en su locura helada

Llora sin lágrimas, una y otra vez

De pie, frente al cielo

 

Y súbitamente

 La nada…

Sobre la púrpura yace un fantoche desarticulado

Flota alrededor mío un perfume irreal, de sonrisa petrificada.

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