Claro

estelita

 

Claro

Hace unos años, conversando con una desconocida, que luego se volvió amiga, le pregunté por sus hijos, onda “a ver de qué hablamos, que el clima no da para mucho”. Me confesó no saber ya cuántos hijos tenía, porque uno había muerto meses antes. No sabía si decir tres o cuatro. Me agarró en curva, para variar, y sólo alcancé a contestar que ella seguía siendo su mamá, aunque él no estuviera frente a ella para decírselo, que si ella fuera la muerta, sus hijos no andarían por ahí diciendo que tenían cero mamás… Sonrió, y  meses después me dijo que le había quitado un peso encima, que ya se atrevía a decirse mamá de cuatro hijos, a pesar de las miradas de los demás al enterarse de que sólo tres seguían respirando.

Este año, a cuatro días del día de las madres, cuatro como los hijos de aquella mujer, pienso en ustedes, las que siguen siendo mamás, aunque  les hayan arrancado la vida misma.

Pienso en las que no saben dónde están sus hijos, si están vivos o muertos, si son invisibles o si sólo han perdido la memoria.

Pienso en un accidente tan lejano, en ese niño que murió hace ya treinta años, y cuya madre no conocí.

Pienso en la mujer que acabo de conocer, que ya sólo calcula cuantos años tendrían sus hijos, un niño y una mujer.

Pienso en la mujer tan jovencita, entrevista sólo una vez, a las carreras, que no llegó nunca a cargar a su hijo vivo.

Pienso en la madre que había creído perder su hijo tantas veces que no se sobresaltó cuando por fin las palabras definitivas resonaron por su casa.

Pienso en la que nunca pudo llevar a término sus embarazos. Ninguno. Ninguno. Ninguno.

Pienso en la que los perdió a todos y que tuvo que abrir el mismo nicho varias veces para ir depositando cenizas, y flores. La misma que dice que la vida es así, que ella no pidió nada y que claro que sería más feliz si no hubieran muerto todos… Y al decir eso, sonríe, y sigue.

Pienso en la que luchó con su hijo contra el pinche tumor que le comió la cabeza, la vida, la esperanza. La que hasta el último momento se miró en sus ojos y sólo vio amor.

Pienso en la que enterró a su chiquito el día de su segundo cumpleaños, y que todavía encontró palabras de ánimo para su nena, la que sobrevivió.

Pienso en la que sabía, sabía que no había mucho que hacer pero que luchó contra el dragón, pie contra pie, espada contra espada, y que despidió a su princesa dándole las gracias…

 Pienso en ustedes, todas y aunque la fecha sea la del Día de las Madres, pienso también en los papitos, Claro… Claro con mayúscula.

 

Pienso que eso de que la vida sigue, lo tomamos a veces como si fuera una fatalidad, cuando es una maravilla. No es que siga nada más, eterno rosario de horas y de minutos. Sigue y cambia y evoluciona y vibra, y aletea cual colorida mariposa, llena de enjundia.

Y Claro que el Día de las Madres se celebra, Claro que siguen siendo mamás de  esos niños, esas nenas, esos muchachos y esas princesas, esos hombres y esas mujeres a veces, Claro, otra vez con mayúscula.

Permítanme entonces desearles, este año y todos los demás, un Día de las Madres lleno de orgullo, de amor y de sonrisas, aunque sea tan duro.

Se les quiere, se les quiere…

Para el 10 de mayo del 2014 

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