Te tocó

 

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Te tocó

 

« Saber que del río me tocó ser agua, lo único en él que no se queda quieto, lo único que no se estanca, lo único que mueve al resto (hasta donde quieren hasta donde pueden, porque en este paisaje les tocó ser piedra por la que paso). »

Estas líneas las leí ayer, lo escribió una amiga mía, y amiga de muchos, lo sé, el asunto no es exclusivo.

En la prepa, en el último año, teníamos clase de filosofía, y muy a menudo nos ponían temas para reflexionar: debíamos , en el espacio de tres horas, escribir algo inteligente, apasionado y coherente sobre la idea que había tenido alguien más, a veces siglos atrás, y con eso sacar una buena calificación. El objetivo para mí no era reflexionar, sino salir del apuro. Nunca pensé en los autores de las frases expuestas como en seres humanos, no sabía que para explotar cuatro palabras sobre un papel, tal vez habían reflexionado durante días, sufrido durante años. Digo “sufrido” porque aunque algunos examinaban la felicidad, sólo era para exponer el porqué de la no-felicidad, de la destrucción de ilusiones o utopías. Se trataba de explicar al hombre bajo sus facetas más obscuras, más ruines. Tampoco, creo, pensaron los docentes y proveedores de programas a cumplir que se les pedía a chavos de diecisiete años reflexionar sobre palabras de personas, en general hombres, de sesenta o más. Sí, imagino que no se nos proponía ni lo más arduo ni lo más tenebroso, pero tal vez habríamos crecido más si hubiéramos analizado experiencias y no palabras, o por lo menos  si los temas hubieran sido más nuestros. No, no pido que fueran clasificados por edades, sólo por vivencias. Claro que los filósofos reconocidos a los dieciocho años no abundan, y claro que tampoco se aprende en cabeza ajena, ya lo sé.

Pero tal vez, digo bien “tal vez”, habría yo reflexionado, y aprendido. Porque aprender, y aprender a vivir, no depende de edades, sino de esas famosas vivencias, y el abrir los ojos sobre las vidas de los demás, enseña a vivir también. No éramos demasiado jóvenes en años, sólo en sentimientos, y pensamientos.

Y de repente pienso, años después, que el objetivo probablemente no era ni hacernos crecer ni enseñarnos la vida…

 

Y ahora, desde ayer, me encuentro frente a palabras que bien se podrían proponer para tema de examen final de filosofía, si la autora fuera un hombre alemán o griego de muchos años, y yo una escuincla de prepa.

Podría entonces armar mi discurso, hablando de piedras inamovibles, y de aguas tormentosas, de ríos infelices (claro) y de musgos que encuentran donde vivir, las piedras sólo sirven para eso, sólo ofrecen seguridad y abrigo. Después haría una analogía astuta con los seres humanos, describiendo a los que cambian al mundo al ser agua viva, descubridores de teorías matemáticas, constructores de puentes y salvadores de vidas con medicamentos novedosos, oponiéndolos entonces  a los que no se mueven, tenderos en la cuadra de su casa, educadores de hijos, aradores de campos. Ahí, porque sería muy astuta lo repito, demostraría que los unos sin los otros no sobreviven, que el constructor de puente fue educado por alguna persona que lo impulsó a avanzar, y que el campesino deja su campo para ir a la clínica, a recibir su tratamiento.

Y como tendría ya un poco de poeta, regresaría hábilmente, astutamente ya no, que esto ya sería poesía, al río y a las piedras, mostrando agua acariciando masas, y piedras brillando al sol.

Y haría lo que se me ha enseñado, dejaría una puerta abierta señalando que los seres humanos bien podemos ser piedras y ríos al mismo tiempo, en situaciones diversas, o ser ríos, y luego piedras, al descubrir que queremos que nuestras semillas germinan.

 

Pero escojo mis cuatro palabras de otra manera, y no las exploto, las acaricio, las domo, las observo también.

¿Será que esa manera de decir su sentimiento denota profunda tristeza? Porque mi amiga, y de otros, ya quedamos, no dice que escogió ser agua: a ella le tocó.

¿Tristeza de no ser dueña de su misión?

¿De no  ser más que agua de río, de la que no puede nunca detenerse, de la que corre hasta el mar, se diluye, transforma, evapora, y llueve, para regresar a su cauce?

Descubrir que el correr y mover y anticipar y saltar no lleva más que al mismo punto de partida es terrible. Han de ser más felices los que no buscan, no investigan, ni preguntan ni hostigan. Los que tienen familia, raíces, casa, hijos. ¿Qué le duele más? ¿El no poder cambiar? ¿El no poder descansar?

¿El no haber escogido?

¿El que parezca, tantas veces, que su carrera es inútil?

Con  sus palabras, las otras, las que no copio aquí, porque hoy escribo yo y no ella, habla de la infertilidad de las piedras, de su dependencia del agua, del tiempo, del pie de algún paseante.

Se le olvida, o se rehúsa a escribir, que el río en su cauce no es mucho más libre, ni fértil: podrá regar toda la tierra que le pongan al paso, si no hay semillas, no hay vida. Y aunque puede de vez en cuando, durante tormentas y truenos, salir de su lecho, a él termina regresando, en unas horas, o a través de los días, cuando llueve.

¿Qué le pasa a mi amiga?

¿Se sentirá con ganas de ser sólo un riachuelo, ése que se ve a veces en un terreno casi llano, con algunas florecillas a los lados, blancas o amarillas? ¿Estará ya cansada de ser aquél río potente, que atraviesa cascadas y rodea obstáculos, que ruge por la noche y que acarrea hojas y ramas, ideas y sentimientos?

¿Cuándo decide un río que lo que lleva sobre su lomo es demasiado? ¿Cuando hay tormenta? ¿O cuando las hojitas, tan ligeras, son demasiadas? ¿O justo antes de llegar al mar y ser liberado? ¿De ahí la explicación de los deltas, la separación del agua, su aceptación de la derrota?

¿O quiere, sólo por una noche, sólo por un instante, ser piedra redonda, seguro refugio de lombrices y mariposas…? Descansar, sólo descansar.

Callar las voces que no la dejan estar, callar su mente, su corazón.

Voces propias, y ajenas.

¿Tendrá sólo une necesidad extrema de bajar los brazos, y de dejarse llevar?

Le tocó ser agua… agua de río, ni siquiera agua estancada, estanque risueño, lago apacible.

 

Y a veces llora, lágrimas de agua…

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