Y tú, ¿de dónde eres?

 IMG_2433

 

Y tú ¿de dónde eres?

 

Cuando me preguntan quién soy, la respuesta nunca es sencilla.

Es igual para todos, ¿no?

No es una pregunta que me hagan muy a menudo, es parte más bien de mis elucubraciones muy personales.

Y no tiene forzosamente una respuesta inmediata.

Como para todos, otra vez.

 

Pero cuando me preguntan de dónde soy, es muchísimo más complejo.

Soy nacida en México, sí, pero no me considero mexicana: no sé preparar ningún mole, cometo errores garrafales en español, y conozco muy mal la historia de los mexicanos.

Fui prácticamente educada en Francia, ya que iba al Liceo francés, y no frecuentaba más que franceses. Hablo perfectamente el francés, sé hacer patés y ratatouille, y conozco, mal que bien, la historia de los franceses.

Tengo dos pasaportes y, legalmente, soy franco-mexicana.

Nada más que… Toda mi vida mis padres nos han repetido que no somos franceses, que somos bretones.

¿Entonces no soy ni mexicana ni francesa, soy bretona?

Mi familia es bretona, sí. Pero no sé preparar ni el kouign amman ni el kig-ah-farz, no sé más que cinco palabras en bretón, y conozco mal la historia de los bretones.

Viví  en Bretaña sólo un año, un año muy cortito, huérfano casi. De esos años que cuentan en una vida, pero por su vacío… Allá, no conocí a nadie, no frecuenté a nadie, no dejé ninguna huella.

En clase, ese año, uno de mis maestros se reía a medias, escondido tras su bigote, cuando yo decía que era bretona… Supongo que me encontraba muy ingenua. Y mis compañeros me miraban como si acabara de caer catapultada del cielo. Para ellos, la pregunta no existía, ser bretón no era importante, ellos eran franceses.

Y aparte.

 

 

Soy de esas bretonas que no conocen de Bretaña más que lo que sus padres le han dicho.

Y lo que ellos contaban data de la primera mitad del siglo pasado.

No conozco nada de los movimientos bretones, de independencia, de reivindicaciones, para mí un gorro rojo es un gorro… rojo. Si llego a estar frente a un bagad, no puedo más que tararear la melodía, las palabras me son ajenas. Y bailar durante un Fest noz revela la intrepidez más alocada. Me parezco, sí, a aquellos “turistas pendejos”.

Allá no conozco más que mi terruño y  mi casa, muy míos. Dos-tres ciudades por ahí, y ya.

Las fechas importantes, las desconozco. Los lugares importantes, los desconozco. Los nombres de los bretones importantes, los desconozco.

Por lo menos no los actuales, me quedé en Du Guesclin y Ana de Bretaña… En la playa del Port-Hue, y en la fecha de mi cumpleaños.

 

Qué tristeza es decirse bretón e ignorar hasta las más elementales facetas del asunto.

Pero… pero cuando pongo mi música, onda Tri Yann o Glenmor, y tomo mis pinceles y, arrebatada por las gaitas y las bombardas, en mi cabeza y en mi corazón, regreso a casa, entonces estallo de “bretonidad”.

Difícil de explicar, inclusive de creer: ¿cómo transformarse de repente en una persona de la cual ignoro todo?

Ella es bretona y yo no soy nada.

Sólo una persona sobre la cual los demás, aquellos para quienes la nacionalidad es tan sencilla, se esfuerzan por pegar etiquetas que no vienen al caso.

 

Todavía no sé quién soy. No sé de dónde soy, y la verdad no me importa mucho.

Una sola certeza, que quiero transmitir: Si yo no soy bretona, mis hijos no lo serán tampoco.

Cet article a été publié dans Uncategorized. Ajoutez ce permalien à vos favoris.

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s