La cereza

 

La cereza

 

Tengo amigos, muchos.

Conozco a doctores, muchos también.

Y tengo amigos que son doctores, y doctores que se han vuelto amigos.

Y eso es bueno… Te llena la vida en los momentos en que necesitas esa ayuda que no te puede dar cualquiera…

Está la amiga que es doctora y que nunca te ha cobrado, que llega a tu casa a las once de la noche, y  ya pasó por la farmacia para comprar lo que podrías necesitar, la que te da no nada más consejos médicos, pero presencia médica, presencia emocional.

Luego está el doctor que se parece  a tu esposo, que la broma es que el hermano pedido de la familia, el que ha visitado tu anatomía muy de cerquita, y se puso rojo de confusión… No estaba preparado, ¿verdad? El que no quiso cobrar porque no encontró la causa del dolor…

O el que te ha operado varias veces, que, bueno, ya no sabe ni que te va tener que quitar, y es sonriente, amistoso, de esos que te dan la mano porque quieren, no porque deben.

El que salió de su consultorio, exultante, después de años de tratamiento: “¡Señora, su hijo está curado! Ése, sí, ése que no se sabía si su sonrisa era más grande que la mía, o si sus ojos le brillaban sólo por la luz del plafón. Al que has vuelto a ver, puesto que no es necesario, pero en quién piensas de vez en cuando, cuando la luz te hace brillar los ojos también.

Están los que te dieron por fin el diagnóstico, y la solución. Hace décadas, hace años, hace meses.

Al que llamas por larga distancia, y que te escucha, te recomienda un colega, espera por tu llamada, por una respuesta.

Él que te recibe en un consultorio compartido, y le pide a la secre que sólo te cobre lo de la renta, que responde a tus llamadas de auxilio desde Austria…  ¿o era Alemania? El que te dice por tu nombre de niña, esa amistad es tan vieja…

Está el de cabecera, el que se ha vuelto parte de tu vida, el que no cobra cuando sabe que no puedes, o el que espera a que el seguro se decida, una vez esperó cuatro años, sin decir nada… El que le disparó las radiografías a una amiga tuya, sólo porque venía recomendada por ti. Que fue al hospital a ver a tu otra amiga, la mejor, y no dudó en decirte la verdad, y se fue… sin cobrar, porque ese no era momento para hablar de dinero. El mismo que te dio el dictamen para tu papá, el que siempre pregunta por tu sobrina, aunque no la conozca… Él, que te ayudó a llenar el acta de defunción de tu papá, no por saber cómo se hace, sino por sostenerte en ese momento. Él…

 

 

Y luego… Y luego está el que deshonra la profesión, el que no se preocupa por dejar una impresión que podría calificar a todo el gremio si tú no fueras quien eres y no supieras separa lo bueno de lo demás…

Es buen doctor. Me consta. Buen diagnostico, buen cirujano. Lo conozco de antes, de otra cirugía, de otros tiempos, por lo visto.

Sus honorarios, pues sí, son altos, pero quién soy yo para decidir. Después de todo, los doctores estudiaron añales, se actualizan, tienen nuestro cuerpo, nuestra vida entre sus manos. Así que está bien, cobrar es lo normal. No entiendo porque se les regatea  más a ellos que a una organizadora de bodas. Está bien.

Que el seguro tenga otros estándares, también lo entiendo. No estoy de acuerdo pero después de todo están en su negocio, sus ganancias, que tu hayas firmado un contrato a lo medio Güey, no por no leer, sino por no saber, pues así es, y se va aprendiendo.

Pero… este doctor… No sé si no tenga ética, o sea cuestión de educación. Estar examinando al paciente, y voltear para decir: “A propósito, mañana no vengo (Tiene cirugía, qué bueno, señor doctor, pues venga antes, o después, ¿no?), no dejar instrucciones claras del tratamiento a seguir (pues si todos andan en su rollo, igual él también), y seguir con el examen, o eran la instrucciones postoperatorias, voltear otra vez y decir: “Oiga, ¿me da mi cheque?”… Pues sí  me dejó de a cuatro, o de a miles, pues de eso hablábamos ¿no?

Y repetirlo, porque de plano no captaste, estábamos hablando de vendas y medicina ¿no?, y no pedir, exigir, su cheque… Con cara de “Sí te estoy cobrando”… Mmh, pues ahí como que el tren se descarrila ¿no?

Claro que se le explicó, con santos y señas, porque no nos vaya a entender y se vaya con la duda, que obviamente no tenemos ciertas sumas en el banco como para expedir cheques por varias cifras, que el seguro no ha ni venido a preguntar cuánto fue, y que se pagará en la caja del hospital  y con tarjeta, cuando el hospital lo requiera.

Mmh… Mala idea… ¿Han visto a algún hombre, amable, de repente cambiar? No, no se volvió un monstruo, seguía siendo hombre pero algo en su mirada, en sus ademanes me hicieron pensar en avidez, no en medicina. Claro, si el hospital le cobra dos por ciento de lo que se le pague al hombre… Lo equivalente a, no sé, porque la cuenta no está clara, a lo que cobra por una consulta, pues era normal que hubiera chispas… Chispas medio aguadas, de ésas de cuando los cuetes se mojan…

Y bueno… A lo que voy, hablando de cerezas… de ésas que se ponen sobre el pastel:

El pastel son todos los otros doctores, mis amigos, y los que ni conozco… Son de chocolate, de crema, y hasta de merengue si quieren. Traen almendras, caramelo, y nueces… Son hermosos, grandes y reconfortantes.

Y en lo que se fija uno es en la maldita cereza, y luego hasta se piensa que todo el pastel es como ella.

En claro, ese doc, el doctor Elola sólo es la cereza del pastel. Olvidémonos de él, y pensemos en el pastel… entero.

PD: Amigos doctores, doctores amigos, gracias.

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