Para ti Admiración profunda

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Para ti

Admiración profunda

 

Trenzado. Liso. Recogido. Suelto. Corto, largo, rizado, lacio. Castaño, negro, rubio, rojo o azul.

Conozco a una Mujer cuyo cabello es extraordinario. Siempre lo ha sido. Desde niña lo ha cuidado, acicalado, acariciado. Por las mañanas lo lava, lo seca, le da forma, lo arrulla y lo luce. Sobre sus hombros y sobre su espalda, cae. Cae como cortina de terciopelo. Cae como ola de placer. Como belleza pura, viva y brillante.

Para esa Mujer su cabello es su todo. Podría perder lo flexible de su cintura, lo erguido de sus senos. Podría perder sus ojos, sus manos finas y largas. Con ese cabello, todos la seguirían mirando, admirando y siguiendo.

Es una Mujer menuda, pero fuerte, tan fuerte. Lo que ha logrado en estos últimos tiempos, nos desafía: no hay medida, no hay alcance. Su fuerza podría hacer palidecer a cualquiera si se le ocurriera hacer alarde de ello.

 

Y hoy, ayer, hace unos días, lo demostró.

Otra vez. Con creces.

 

Se cortó el cabello. Todo. A rape.

Y se lo llevó a la Virgen, ofrenda de una Madre hacía otra.

Por su princesa, su Campanita.

Su hija.

Su nena.

 

 

Foto: Maryvonne Folange

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