Güeill, la gallina azul

Scan

Güeill, la gallina azul

 

Hoy se oyen aleteos y cacareos diferentes en el gallinero central.

Parece ser que esta mañana, la gallina Güeill, otra vez hizo de las suyas, otra vez avergonzó a la bandada habitual: otra vez puso un huevo cuadrado.

Y esto a las otras gallinas, y a los gallos también, vamos hasta a las ratas y a las pulgas del lugar, los tiene ya ofendidos, hartos y enojados.

Entre ellas comentan las gallinas, volteando los ojos a todos lados e inclinando la cabeza: que si la gallina Güeill esto, que si la gallina Güeill lo otro, que de plano no entiende, que además canta siempre que pone sus huevos cuadrados, pregonándolo, atreviéndose a ser oída como cualquier gallina decente.

Y se apresuran todas a marcar la diferencia: que si sus plumas rosas, que si sus ojos chuecos, que si sus patas gordas. No tienen espejos, en un gallinero no se usan, los reflejos propios siempre asustan, pero cada una le asegura a la otra que todas se ven idénticas, que no se apuren, que sí, que ése es el camino, el único, el correcto. Y cada mañana, celosamente, se observan. Sí, son amigas, pero que no se le ocurra a ninguna poner un huevo más grande que los demás sin disculparse, o por lo menos apenarse. Se le retiraría el cacareo por lo menos hasta la mañana siguiente, al comprobarse su vuelta a la normalidad.

Y hoy, otra vez, la gallina Güeill ha puesto su huevo cuadrado. Y otra vez lo ha cantado.

Entre ellas se apretujan, se empujan y se estrujan hasta que sale una de ellas, la que más habla, la que todo lo sabe, y que ha decidido tomar al toro por los cuernos, o por las plumas, y poner las cosas en orden.

A ver si así, de una vez por todas entiende.

Y prepara su discurso, lleno de palabras cultas y sabrosas, que demuestra lo ovalado  de la uniformidad, y lo asqueroso, inadecuado e imposible de sus cantos y sus huevos.

La gallina Güeill, quien a lo lejos la vio venir, ya sabe. Entre más vieja más sabia, y más rosas sus plumas brillantes, y más gordas y rosadas sus patitas, suaves, muy suaves, imitando alguna piel, alguna flor. Ve venir a ella las patas amarillas y secas de la otra y sabe… Sabe que molesta. Sabe que incomoda.

Sí, sus huevos cuadrados también a ella le duelen, la desconciertan, la lastiman. Expulsarlos no es fácil, todo desgarran a su paso. Pero también sabe que las veces en que intentó retener esos huevos, la panza le dolió, las plumas perdió y hasta el pico se le reblandeció.

Decidió entonces celebrar sus huevos en vez de ocultarlos. Brillar en lugar de desaparecer.

Y al llegar la gallina justiciera, se voltea y la enfrenta.

Están allí las dos, la de plumas rosas y brillosas, y la decente, la que canta y la que critica, la que vive y la que decidió ser de los demás, consciencia.

Y eso es lo que se oye hoy en el gallinero central.

El silencio de las miradas.

 

PD: Sí, la gallina del título es azul, la del cuento es rosa. Es que ser coherente hubiera sido lo mismo que poner huevos… ovalados.

Cet article a été publié dans Uncategorized. Ajoutez ce permalien à vos favoris.

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s