Konsideraciones philosofikas sobre los sojos…

Konsideraciones philosofikas sobre los sojos…

Acabo de pasar una semana sin lentes, y lo menos que se puede decir es que… Sí, sí vi pasar el tiempo, lento y pesado.

 Obviamente, me dio tiempo cavilar, y no nada más de noche, las ideas, negras creo, no veía ni jota, florecieron y me tuve que proteger con sarcasmos e ironía para aguantar. Hoy por la mañana, decidí poner mis ideas en orden, pero la confusión es fuerte todavía, aun anotando algunas palabras en una hoja de papel, una vez no es costumbre, no veo bien qué les quiero decir.

Entonces, pase lo que pase, me lanzo y… Ya el tiempo dirá… (¡Vaya era más divertido en francés, algo de que  el que viva verá…!)

 

Mis ideas, y las de los demás, ya verán, se las voy a poner en una lista, así me evito el buscar transiciones inteligentes, y  clarividentes…

 

–          Cría cuervos y te sacarán los ojos: digo también, ¿a quién se le ocurre criar cuervos pudiendo criar ratones…? ¿Y si el famoso cuervo se lleva tu ojo, y lo suelta por los aires, qué? ¿Qué haces? No creo que lo puedas recuperar intacto, a menos que tengas un aparato de esos telescópicos para pescar.

Me pregunto qué ruido hará un ojo cuando cae al suelo: ¿¡Splash!?¿¡ Pluf? ¿¡Poc?!

 

–          Tener los ojos más grandes que el estómago: reconozco que muy seguido me sirvo más de lo que me voy a poder comer, pero sería peor si lo hiciera con los ojos cerrados, igual hasta ni me sirvo en mi plato.

Me pregunto qué ruido hará una uva cuando cae al suelo: ¿¡Splash!? ¿¡Pluf? ¿¡Poc?!

 

–          En el país de los ciegos, el tuerto es el rey: no supe, todos veían re bien menos yo, recuerden,  andaba sin lentes. Entonces no me estaba paseando por el país de los tuertos, como para cerrar los ojos, era la ciega en el país de aquellos que sí ven…. Nada fácil hacerles entender  que no debía,  mejor dicho que no podía, preparar frijoles rellenos para la comida.

 

 

–           Los ojos no le sirven de nada un cerebro ciego: pus sí, si no hay quien abra la puerta del otro lado, ¿como para qué querríamos ver…?

 

Me pregunto qué ruido hace un cerebro cuando cae al suelo…

 

 

–          El rostro de la gente depende de los ojos que los miran: ¡ja, éste si me da risa! Ya me han visto, heee, oído, preguntar alrededor mío: “¿Quién es? ¿Lo conozco? ¿Lo saludo? ¿De beso ?… Me voy con cuidado, no me vaya yo a equivocar de barbón…

 

 

–          Sí, ya sé, así no va la cosa, es un rollo de apreciación, de hacer como si tu hijo escarabajo fuera una gacela, aunque no le veo mucho la ventaja a ser una gacela, el riesgo de que tiren a matar en cuanto te vean es mayor, pero… es cierto que la gente…Bueno, yo no reconozco nunca a nadie… Luego hasta platico con desconocidos, por si las moscas…

 

Me pregunto qué ruido hace una gacela cuando…

 

 

–          Los vivos cierran los ojos de los muertos, los muertos abren los ojos de los vivos: bueno, a mí las películas de terror, zombis y sangre, no me laten… Nomás les aviso, por si se les ocurre llegar con una de esas y pensar que me voy a  acurrucar en sus brazos de ustedes… con los ojos bien abiertos.

 

 

–           No cerrar los ojos en toda la noche: en esos momentos es cuando cavilo mejor, pero sí cierro los ojos. No veo por qué eso de cerrar los ojos por la noche implique que uno duerma: lo sé de buena fuente, lo he visto con mis propios ojos… cerrados.

 

¿Ya con éstas cavilaciones, o me sigo? La ventaja, como habrán visto, es que no hay orden cronológico, no se me van a perder por el camino.

 Sí lo sé, está como deshilvanado el asunto, pero… Pequeño detalle: no tenía lentes.

 

 

–           No tener telarañas en los ojos: imagino que eso significa que están limpios, que te bañaste, y que… ¡Ah, no, perdón, esas son lagañas!!

 

–          El que todo sabe, no lleva los lentes frente a los ojos: ¿o sea que ésta semana, sabía yo todo? ¿No? ¿No funciona así?

 

 

–          Lejos de los ojos, lejos de corazón: eso ha de ser para la gente que no ve al Otro más que con los ojos…

 

–          La verdad salta a los ojos: ¡cuidado, que no le falle, ya me imagino el azotón!

Me pregunto qué ruido hace la verdad…

 

 

Sólo me quedan las más bellas, las dos frases que me han acompañado antes y después de los lentes, 30 años con lentes, ya cuentan… Le da a uno tiempo para cavilar.

 

La diferencia entre ver y mirar: recuerdo a mi maestra de español, quitándose los lentes en el salón de clases, y diciéndonos: “Los miro, los miro inténsamente, pero no veo nada.” Nos reíamos, hasta nos burlábamos de ella, pero es cierto… Sin lentes…

 

       Y la más bella, la más querida: lo esencial es invisible para los ojos.

 

 

¿Con ésa, a quién le importa no ver más…?

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