Mi primer trío

Mi primer trío

Pues nunca pensé compartir esta clase de experiencia con ustedes… Ni vivirla de hecho.

Sí claro, había fantaseado: ¿Qué se sentirá? ¿Me animaría si tuviera la ocasión?

Pues que me dan la ocasión, que no hay como decir que no, y que vivo mi primer trío.

La cama, de sábanas blancas, cobija azul, ni elegante ni pobre: bien, normal. De ésas que puedes como que inclinar para todos lados, y orientar como se te dé la gana. Ideal para el momento.

¿La luz? Bueno… Faltaba luz la verdad para ver bien qué pasaba, y entender exactamente por dónde iba la onda, y dónde se dirigían las manos. Pero las miradas sólo se hicieron más profundas, más indagatorias, más precisas.

¿Yo? En medio, lugar privilegiado. Bien parado a mi derecha, un hombre. A mi izquierda, una mujer. Los dos casi solemnes, sonriendo de vez en cuando como para alentar mi confianza, mi entrega.

Delicadamente, la sabana fue descubriendo mi cuerpo. Hasta los muslos, nada más, dejando ciertas partes cubiertas, resguardando cierto misterio y  un resto de pudor.

Decidí relajarme, contemplar las manos de la mujer, las del hombre también. Entre sus dedos, un instrumento largo, fuerte, de dimensiones desconocidas. Podría haber medido dos centímetros o veinte, para mí, la impresión era la misma. Sencillamente, tuve miedo. Miedo a mi reacción, a no resistir la tentación de meter las manos y de dirigir yo misma la operación.

El hombre y la mujer, que se conocían bien, discutían sobre mí, hablando de mi sexo como si fuera un libro, o una película, intercambiando comentarios sobre tamaños, orientación, inclusive sobre crecimiento de vello…

Súbitamente, el hombre se decidió, y empuñando su arma, me la clavó, hasta el hueso, tensando todo mi cuerpo, todo mi ser. Me retuve, y ahogué el grito que nacía en mi garganta. Una y otra vez, repitió el movimiento, bajo la mirada atenta de la mujer, y esperando de alguna manera que yo le pidiera detenerse.

Entonces, levanté la cabeza, bromeando:

“¡Que lástima que no tenga una cámara, es mi primer trío”!

Atónito, el doctor soltó la jeringa, la enfermera se ahogó de risa, y por fin, la tortura de las infiltraciones de cortisona terminó.

 

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2 commentaires pour Mi primer trío

  1. Sophie Fernandez dit :

    Me encanto! no me esperaba el final!

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