Circular del 16 de enero del 2012

Antes de escribir estas palabras, dudé.

La ironía, sarcasmo y juegos de palabras, más o menos hábiles, se me dan muy fácilmente, pero hay circunstancias en las que podrían pasar por una falta de respeto total.

Después de pensarlo largo tiempo, varios días de hecho, decidí escribir, sí, pero sobre todo dedicar este texto a quienes viven, conviven y sufren en cualquier hospital, sin importar el color o tamaño de su bata.

Pero sobre todo, y me perdonarán los adultos, dedicarlo a los niños enfermos, deseando profundamente no oír jamás las palabras de aquel chiquillo, de la guardería ABC:

“Me duele el dolor, papito, me duele el dolor”

 

                   Circular del 16 de enero del 2012

                                 Todos niveles

Muy estimados, a continuación, los últimos adelantos en la observación de ciertos ámbitos hospitalarios, a catalogar bajo la rúbrica “Pacientes primerizos”

 

-Se dispondrá de cuartos gigantes, más grandes que la sala-comedor de numerosas casas. No preocuparse, el paciente quedara permanentemente atado a una máquina dispensadora de suero y otras chuladas. Dicha máquina tendrá que estar conectada a cualquier enchufe de pared, limitando así el movimiento del paciente, evitando cualquier riesgo de pérdida espacial o miedo al vacío.

– Las regaderas  serán de presión impactante, diseñada para despertar y luego adormecer cualquier dolor lumbar, cervical o emocional del paciente. Agua caliente a voluntad.

-Se contará con la visita diaria de mujeres muy amables proponiendo comulgar.

Nota: La religión parece ser parte muy importante de la historia clínica, habiendo indagado por ella cada doctor, interno o enfermera.

Nota bis: La comunicación entre servicios deja a desear, ya que el hecho de que el paciente haya declarado no tener religión parece no influir sobre el ritmo de dichas visitas.

– Se tomará en cuenta que los hospitales han de tener trato con los productores de chayotes y zanahorias del lugar. Será totalmente inútil acceder a la propuesta de consumir nopales o espinacas, el platillo escogido conllevara invariablemente los chayotes y zanahorias en cuestión.

-Se recomienda guardar celosamente los sobrecitos de sal y azúcar que le manden en contadas ocasiones. En cualquier momento, puede surgir  la necesidad de usarlos en alguna ensalada de pollo (con chayotes y zanahorias) sin sal, provocando en su defecto un desequilibrio gustativo importante.

-Se hará lo posible, y lo imposible, por respetar la jerarquía del lugar. Dirigirse a las personas de bata blanca usando el apelativo doctor o doctora según el caso. Todos los demás son “joven” o “señorita”, incluyendo a la enfermera sonriente, la calmada, la compasiva, la eficiente y hasta a la que tiene prisa. No deberá importar que las enfermeras hayan estudiado 4 años para merecer su título. En caso de obstinarse en reconocerles su lugar, se les deberá llamar “señorita enfermera”, nunca “enfermera” a secas. Las mismas instrucciones se podrán aplicar en el caso de los camilleros o técnicos.

-En caso de necesitar ayuda por la noche y descubrir que el médico de guardia es un joven tímido, no dudar en apoyarse en la enfermera. Enumerarle a ella la lista de síntomas, quejas y molestias. Dejar que las cosas sigan su curso.

-Deberá evitarse al máximo confundir al camillero con un mariachi. Por más que pase él corriendo de un lado a otro, luciendo sus múltiples cadenas, pulseras y anillos de plata, silbando su tonadita preferida y riéndose con todos, es importante recordar que él es quien tiene la silla de ruedas entre sus manos. El que el joven no deje de hablar de Garibaldi, inclusive cuando le acompañe al baño para detenerle la puerta, no debe de ser tomado al pie de la letra.

-Trabajará en prepararse mentalmente para cualquier visita en el momento menos oportuno. Se autorizan interrupciones de sueño con el propósito de verificar si está usted efectivamente dormido, y extraños en la puerta cuando esté usted en el baño, con la famosa bata de paciente abierta de par en par. No estará de más esperar también la visita de  algún agente de seguros que lo llamará por su apellido y, de paso, lo tuteará (ver ejemplo).

Ejemplo: Hola, Ramírez, ¿cómo estás?

-Se agradecerá profusamente toda ayuda brindada. Las personas que actualmente laboran en los hospitales son, hasta prueba de lo contrario, seres humanos, y necesitan tanto nuestro apoyo como nosotros el suyo. Se podrá inclusive entablar cierta amistad con alguno de ellos. El hablarles con respeto  no será opcional. En caso de que algún doctor, o doctora se niegue a cobrar por no alertar al seguro de una posible dolencia a futuro, deberá de ser reconocido como una señal inconfundible de esa famosa humanidad comentada más arriba.

-Último punto, a debatir tal vez. Si es usted sorprendido dirigiéndose a la joven doctora de urgencias como “señorita”, no es que haya habido alguna confusión en la jerarquía antes citada. Es que usted ya dio el viejazo.

Aunque el camillero le haya invitado varias veces a cantar con él en Garibaldi.

 

 

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