Nunca Más

 Nunca Más

 

Hoy, por la mañana, di un paseo en un lugar que olía a hierbas, a incienso y a viejo. También había libros, miles de libros, todos más empolvados los unos que los otros, libros que nadie compra, que nadie lee. Ángeles de yeso, y polvos extraños jugaban a las escondidas por los corredores, y dos viejitas meditaban frente a un enorme niño Jesús, demasiado caro para ellas. Vi, o mejor dicho sentí, la mirada de un hombre muy viejo, que me seguía y clavaba su fuerza en mi espalda, justo entre los dos omóplatos. Me tuve que contener, para no regresar sobre mis pasos, para no enfrentarlo: su mirada venía de un lugar demasiado lejano…

Pasé también a lo largo de varios cementerios, el camino escogido parecía retarme… un poco. El silencio de esos lugares es desconcertante. Claro, los muertos no andan de fiesta con la música a todo volumen pero el contraste entre la agitación de las calles de la ciudad y el silencio – mortal – de sus camas es sorprendente, desestabilizante.

Como otras veces, salir de mi hoyo me hace sentir infinitamente pequeña, infinitamente anónima, perdida en un mundo rebosante de gente, de desconocidos, que corren de un lado a otro de la ciudad, de un lado a otro de sus vidas, dejándome sola sobre la banqueta, inmóvil.

Cuando salgo así de mí misma, me siento insignificante, desaparecida.

Llevo varias semanas, a lo largo de cada día, en cada descanso, obsesionada por la misma pregunta: ¿qué estás haciendo con tu vida? ¿A dónde vas? ¿Qué quieres realizar antes de morir?

Y me contesto, contesto a todos, que tengo mucha suerte, lo cual es totalmente cierto, y que… y que… Y entonces, me quedo callada. Aún dentro de mi cabeza me callo, porque no tengo idea de qué podría tener ganas de hacer todavía antes de morir, sobre todo si me queda mucho tiempo de vida.

Vivir bien despierta, sí, obviamente.

Vivir con calma también.

Nada de sobresaltos, quisiera una vida tranquila. Una vida como aquellos días en los que uno hace lo que le gusta hacer, con sol, buen humor, música, perfume y risas.

Pero eso, no es realmente algo que se haga antes de morir… Es más bien un como, un “al estilo de”…

Esta mañana, el sofoco que me viene frente al mundo me llevó a cuestionarme de otra manera… Porque, evidentemente, no conozco la fecha de mi muerte, y entonces encuentro absurdo el elaborar proyectos sobre un tiempo determinado. Sobre todo cuando no hay proyectos, justamente, sobre todo cuando la inmensidad de la vida vuelve mi trabajo cotidiano tan pequeño, tan irrisorio. Aunque claro, encuentro cierto consuelo al pensar en las hormigas, sin las cuales la reina no sería nadie, o en las gotas de agua, sin las cuales los océanos no serían más que una palabra, si es que alguien se tomara un día el trabajo de inventarla.

Cuando salgo de mi refugio, me siento hormiga, gota de agua, pequeña y perdida. La cantidad de personas alrededor mío, toda esa gente que no conoceré jamás, esas fachadas que esconden tantas vidas me provocan vértigo.

Hasta mi voz se vuelve eco. Hasta mis palabras.

La vida me da miedo. Los días que corren frente a mí se pierden en el mismo infinito que toda esa gente, todas esas vidas.

Entonces, esta mañana, dentro de ese pasaje cerrado, pensé de otra manera. La cuestión es saber qué es lo que voy a hacer después de mi muerte.

No, no hubo milagro, tampoco hay una respuesta precisa. Únicamente esta sensación de aprehender por fin el “Nunca más”, tomarlo en mi mano y domarlo. Cuando estoy viva, no entiendo lo que significa ese “Nunca más”. Soy incapaz de sentirlo, asumirlo, vivirlo. Me rebasa.

En cambio, cuando estoy muerta, ya no existe. Ninguna necesidad de entenderlo, de asimilarlo. El “Nunca más” forma parte de ese mundo que tanto miedo me da, en el que hay tantos ruidos, mezclas, olores y trampas. En el que tiene uno que vigilar sus palabras, sus gestos, sus pensamientos casi.

Cuando estoy muerta, sé lo que quiero hacer, en todo caso reconozco la primera línea de una lista extraña que seguramente construiré en los próximos días.

Quiero volver a ver a mis muertos, abrazarlos… y llorar.

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