Felicidades, Madame

 Felicidades, Madame

 

No sé si lo deseé tan fuerte, pensé tan fuerte, sentí tan fuerte… Pero hace un momento, mi papá me dijo: “Felicidades, Madame”

Felicidades, Madame… Acostumbraba a decir eso cuando estaba realmente muy orgulloso.

Y sé que lo ha de estar ahora.

No sólo lo intenté, vencí los miedos, pero además lo logré.

Felicidades, Madame

Estábamos todos en la playa, todos felices, inclusive aquellos a los que nunca conocí. Todos puntuales, todos, hasta la tía tan viejita, aquella nena, los abuelos, los hermanos, las hermanas, los niños… Todos, todos. Juntos.

Yo llevaba, como siempre, mi vestido de encajes blanco, el que flota alrededor mío con el viento, aquel que es tan ligero, el que me pongo los días de ensueño.

Papa llevaba su corbata de pajarita, sus ojos sonreían.

Todos estábamos allí, los tres chiquitos jugaban, los grandes eran felices. Todos, mirando al mar.

Apreté muy fuerte mi libro con las dos manos y se lo ofrecí a mi papá.

Y entonces dijo…

“Felicidades, Madame”

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