Anémonas

Anémonas

 

Las anémonas de mar son hermosas. Hermosas y peligrosas. Casi podría llamarlas pérfidas pero no son más que animales.

Cuando el mar las cubre, un poco, no demasiado, despliegan sus colores, cada uno más sensacional que el otro: no hay más que morados, rojos, negros, verdes reflejando la luz del sol. Pobre del pececito ingenuo que se acerque demasiado al admirarlas… Mueren.

En cambio, al retirarse el mar, se vuelven  francamente horrorosas. Sus colores se pudren, se mezclan, infame masa de tonos blancuzcos, cuerpos blandengues, deformación insoportable. He ahí su verdadera naturaleza: monstruosas creaturas al acecho, esperando, aun ahí, aun fuera del agua, que una presa se acerque demasiado.

 

Hay gente que es como las anémonas de mar. Se podría casi creer en su belleza, en su bondad, si no se les conociera ya demasiado.

Esperan, justo bajo la superficie, y fingen que les gusta el sol.

Pero en cuanto caen las mascaras, se descubre que la sonrisa es falsa, la bondad engañosa, y sus miradas… Sus miradas no son nada, nada más que maldad, y envidia.

A esa gente, podría casi llamarlas pérfidas… Pero no son más que decepcionantes.

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