A mis diez y seis

 

A mis diez y seis

Ayer por la tarde, presa de la nostalgia, en un impulso, escribí tres palabras en un pedazo de papel…: “Caen los pájaros”

En un rato volví a leer los poemas de antes, de cuando tenía diez y seis años…

Con una sonrisa de ternura, reconocí la cadencia que me gustaba, algo entre Ronsard y Glenmor, los sueños que tenía y la tristeza que me acompañaba.

“Siempre amar sin ser amada” eran palabras que volvían a menudo sobre las hojas de mis cuadernos. La nada, la muerte, la soledad… También el mar y Bretaña….

Rescaté, no por casualidad, sino por gusto, algunas líneas… Las demás… Esas las dejé que siguieran durmiendo.

Aquí se  las dejo… Tal vez se acuerden de ellas…

 

“El cielo negro me invade

Color de lluvia

Color de sangre”

Seguramente era una oda a Baudelaire y a su cielo bajo y pesado. Unas ganas de caminar por la playa, frente al viento, y  de sentir mi cabello volar… Pasando de él a Chateaubriand, soñando, soñando…

 

 

“Siempre amar sin ser amada

Y ver la felicidad de otros

Sentirse sola

Y comprenderse solitaria”

Esas palabras eran como una resaca: regresaban sin fin… Aquel sentimiento tan cruel de querer siempre al que no me miraba. El objeto de mis amores cambiaba  a menudo, al son de mis sueños, y de mis fantasías… Pero siempre o nunca, sin quererme…

 

“No quiero estar de rodillas

Cuando te veo de pie

Y sin ser como tú

No quiero ser como ellos”

En ese entonces ya, o todavía, rebelde, diferente, orgullosa de serlo aunque tuviera miedo, tanto miedo de no ser como los demás. En ese entonces ya, muy dentro, de mí, la rebelión, el “no”. Sencillamente el “no”.

Escribía también:

“¿Por qué será que siempre miro a las estrellas

Sin detenerme a observar a mi alrededor?

¿Y por qué siempre, la cabeza en alto

Tropezones y caídas

Han sido toda mi riqueza?

¿Y por qué prevalece en mí el orgullo?

¿Por qué no acepto los defectos de  mí mundo?

¿Por qué soy como soy y no como los demás?”

 

 

Me gustaba buscar efectos de luz, de disolución, de evaporación… Me soñaba humo desaparecido…  Recuerdo y añoranza. Me deseaba ligera, yo, que no era más que torpeza. Me deseaba aérea, yo, que no era más que carne pesada…

“La luz azul se inscribe en mi alma

Y en mi corazón

Se evapora en tristeza infinita

Y suavemente se tiñe de una luz de obscuro morado

Melancolías esbozadas en un cielo translucido

Mis amores aletargados

Mis amigos olvidados

La añoranza que me invade se desvanece en el pasado”

 

 

Hablaba de muerte, mucho, a menudo. Me parecía cercana, inevitable y me soñaba dormida, lejos, muerta, muerta, muerta… De aquella muerte que parece tan dulce, de la que no hace sufrir y que no es más que un paso en adelante. Me veía muerta en los ojos de los demás, aquellos de quienes me había enamorado  y que no me querían… Me deseaba añorada, reconocida al fin… Pero también, y sobre todo, por fin tranquila, dormida.

“Malva

Estoy muerta

Sudario gris sobre cielo de nieve

Muerta

Llora, tierno despojo

Tu descanso atravesó el cielo de la esperanza

Tu deseo solitario brilla en medio de la noche

Y la rosa de los vientos silba  tu derrota”

 

Y otro día, escribiendo también:

“Es mi muerte la que cuento

Mi suicidio el que escribo

Palabras fútiles que no retienen a nadie

Que no despiertan  angustia

Porque no cuentan más que una muerte ficticia

Sí, amo la vida

Y tengo la intención de vivirla

Plenamente

Absolutamente”

 

Recuerdo mis humores, mis tristezas y mis alegrías, pasando siempre de la luz más deslumbrante a la angustia la más terrible. Que duro era vivir a los diez y seis, que duro era entender… Alrededor mío, los demás me parecían tan hermosos, tan seguros de ellos mismos. Y yo, me quedaba sin aire al tratar de seguirlos, de adelantarlos, nunca como ellos, siempre otra. No veía, en aquel tiempo, que los mismos tormentos los agitaban, que no hacían más, finalmente, que correr también…

Al hojear mi cuaderno viejo, en el cual copié todas mis palabras, mis deseos, mis ganas, en donde pegué mis fotos y alguna que otra flor seca, buscaba este poema…. Es la historia de unos pájaros, de esos que no pueden volar más, y que caen, que caen… Es la historia de mis sueños, de mis amores, de los que nunca llegaron a la luz, o que fueron pisoteados… Caen, caen, caen… Es tan difícil tener diez y seis años…

« Caen los pájaros

Heridos de sol

Deslumbrados por la mar

Caen eternamente

 

Caen los pájaros

Al romperse su ala extendida

Caen y gritan

Miedo y obscuridad

 

Caen los pájaros

Y se llena el aire, la vida y la mar

De sus llantos solitarios

Caen y mueren

 

Y al caer esos pájaros

Mis sueños y mis amores,

Heridos de vida,

Caen eternamente”

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Un commentaire pour A mis diez y seis

  1. Sí, que duro era tener 16… uf: « Me veía muerta en los ojos de los demás, aquellos de quienes me había enamorado y que no me querían… » seguro que es una d elas etapas más difíciles de la vida.

    ya te leo por acá, un saludo

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