Festival de bandas

Festival de bandas

Chido, chido, chingón!!

Fue lo que más grabado se me quedo del concierto de ayer: chico, chido, chingón!

Ah!  Y lo de la banda de rucos- fácil  tenían 35 años- que le gritaron al puto gobierno, y le regresaron el poder al pueblo, ¡sí señor!

Estuvimos ayer en el lunario del auditorio nacional, toda la familia, los cinco juntos, viendo y oyendo, a veces escuchando a las bandas que se afrontaban en una competencia feroz : el festival de bandas.

¿Que qué hacíamos allí? ¿El que no escucha “esa” música, el que prefiere dormir la siesta el domingo por la tarde, el que fue por apoyar, la que sólo quería ver y la que saltaba por todos lados? ¿Los que se fueron en un solo coche, bajo la lluvia, los dos pati-largos adelante y atrás las tres sardinas?

Pues fuimos a ver, escuchar, gritar y aplaudir. Tocó la banda de Marlish, la de mi sobrino Polo…

Y repito… Se me grabó la frasecita de “Chido, chido, chingón” que aullaba un adolescente imberbe, flacucho y de sudadera azul eléctrico, que supongo que tocaban algo así como música punk, y que nos advirtió de los peligros de irnos por la lana… No me quedó claro de quien era la lana, y por consiguiente pues… No me fui detrás de ella.

¿El ambiente?.. .Supongo que típico: música, ruido, hielo seco, luces, condones flotando (sí…deveras: los que regalaron en la entrada  -a mí no me dieron, no sé porque- ni a mi hija, dicho sea de paso-  no tardaron ni cinco minutos en verse inflados por ocurrentes asistentes y en ser aventados de un lugar a otro poniéndole más sal al lugar), meseros mezclando, chavos sudando, chavas gritando. Bueno…Desde mí amplia experiencia de tocadas de la nueva trova cubana y de mi única salida alguna vez a una discoteca, perdón, antro…. ( Salida en la que acabé dormida en la camioneta esperando a que salieron mis amigos, porque ¡ qué de ruido había en ese lugar…!)

Yo nunca había estado en el lunario, y ¡cuál fue mi sorpresa al descubrir que no hay asientos…! ¡Fueron 160 pesos por cabeza pa’ no tener donde posarse!  Lo que sí, un bar muy elegante en el cual compartimos una cerveza el mareado y yo, por aquello de que lo más barato eran los camarones y de plano ya no nos alcanzó.

La edecana de la entrada nos sugirió sentarnos en los escalones… No estuvo tan  mal después de todo: sólo fueron dos horas, de me siento, me levanto, no veo, me vuelvo a sentar, voy al baño, que ruido, me siento, me vuelvo a levantar, mira es la banda de Polo, ¿ya acabó? ¿Y cuántas faltan? ¿Qué cuantas son? ¡¡¿¿No Mma…??!!

Chido, chido, chingón!

Y el baterista que no traía playera, pues era de esos chavitos lampiños, flaquillos, sin chiste que de todas maneras no se le alcanzaban a ver ni las tetillas… Cero atractivo visual..

Tampoco le sirvió el ejercicio a mi cuerpo. Yo dije, bueno, de tanto temblar con ese ritmazo, con ese retumbe en el suelo, de perdida mis nalgas pierden algo de su gelatonisidad, ¿verdad…? Pues que no: amanecieron igual que siempre, gelatina, gelatina…

Lo que sí…lo que sí…

Marlish, la famosa banda. Es la tercera vez que los oigo tocar. Esta vez además, los oí cantar. Y, son buenos. Sí, les falta, sí, son chavitos, sí, la voz, sí, el cuerpo… Pero  son buenos. De todos los que estaba allí, fueron los únicos en tener melodía además de ritmo, y batería. Los únicos.

Las otras bandas tenían mucho ritmo, mucha energía.  ¿Pero melodía? Melodía no.

No sé qué tan bueno sea tener melodía en una banda de rock, ¿verdad? Pero eso a mí, me llegó.

Y… ver a Polo allá arriba, con su bajo, gozando, saltando, tocando… Cantando también, anunciando su banda con tanto orgullo, saludarnos de lejos con una sonrisa amplísima, deliciosa, luminosa… ¡Fue Chido, chido, chingón!

Polo, al que se supone que he visto crecer, pero que de repente me sorprendió, allá, de frente al público, tan grande, trabado el chavo, tan seguro, tan… hombre. Vaya… Se me llenó el pecho de orgullo, de “yo lo conozco”, y también a sus cuates, al que canta lo regañé una vez, y se me llenaron los ojos de lágrimas, la cabeza de humo, el vientre de música.

¡Polo! ¡Polo! ¡Polo!

Las otras bandas no sé que tan bien o mal tocaron: después de tanto ruido, perdí la dimensión del sonido.

Pero mi preferida fue Marlish.

¡Chido, chido, chingón!

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