Cuando no hay otro camino…

Cuando no hay otro camino…

 

Después de varios meses dando vueltas, pensando y rehusándome a ver las evidencias, por fin tomé la decisión…

Pregunté, observé, cavilé… Y sí… Esa era la solución.

El espejo del baño, el del corredor, el que tiene aumento y el que tiene luz me habían confirmado la terrible realidad: cada día me parezco más a mi esposo…

Sí: los lentes, el cabello largo, los tatuajes y…. ¡la barba!!!!

No sé si es por los lentes nuevos, el espejo de aumento, o la testosterona que me inyectan cada mes por aquello de la menopausia, pero me está saliendo barba. Bonita eso sí, güerita, finita, ¡pero barba! Y aunque consideré dejármela para ocultar mi papada, llegue a la conclusión de que me faltaban años para que creciera bien y, al recordar a una de mis abuelas rasurándose cada mañana, decidí tomar medidas firmes: arriba la depilación!

Por la noche, encerrada, sola con el espejo del baño, tomé entre mis manos temblorosas, pero decididas, una tira de no sé qué producto pegajoso para depilar la cara. Eso sí, escogí uno bonito, que huele a fresas y tiene brillitos: digo, hay que hacer las cosas con lujos ¿no?

En las instrucciones dice que se aplique en el sentido de los vellos… Ese fue el primer escollo: ¡mis vellitos crecían pa’ todos lados! ¿Que tenía que hacer? ¿Peinarlos? Total que escogí los que iban hacia mi garganta, y apliqué. Luego, había que jalar en sentido contrario a los famosos vellos. Así que, armándome de valor, ¡jalé!

¡¡Que dolor!!  ¡¡Que quemazón!! ¿¿¿ No qué depilación suave???  ¡¡¡Mi cara, mi cara!!!

¡Y sólo había arrancado unos cuantos! Por lo visto, sí que crecían pa’ todos lados… ¡No podía quedarme así, a media barba! Seguí, una y otra vez, hasta que mi pobre papada, enrojecida por tanta jalada (!) me pidió de rodillas que dejara la tortura…

Me puse cremita… y me fui a dormir.

La sorpresa de la mañana siguiente fue descubrir que por ser de noche, o por ser una delicada, me faltaban partes por depilar. Así que seguí, a plena luz del día, armándome de valor…

Ahora, me falta medio bigote, que así se va a quedar… ¡Esto duele!  ¡¡Mucho!!

Lo que sí, la papada me quedo rojísima, irritadísima, hasta más grande y más vistosa y ya llevo 4 untaditas de crema qu’esque para pieles irritadas, que no me hace ni madres… La comezón es insoportable, y así no pienso salir a la calle…

Vaya… Si hasta voy a extrañar mi barba dorada…

Firma: el Guajolote desplumado… Gor Gor Gor…

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