Una noche en el campo

Una noche en el campo

 

¡¡N’Hombre!! ¡¡Si en el campo se duerme rete bien!!

¡Lo cabrón es la despertada!!

Nos fuimos de fin a Acaxochitlán, Hidalgo… Pueblo grande, con agua, artesanías, vinitos y  guisados ricos.

El hotel, limpio, grande, modernón, hasta tiene tele con cable.

Esta vez tiramos la casa por la ventana y pedimos el cuarto con yacusi. Claro que resultó que el yacusi no estaba, que sólo era una tina, pero… ¡Una tina es un lujo!!

La cama, rica… dura y grande, ¡como me gustan! – ¡si  ya sé, ríanse y albureen! ¡Pero así me gustan, duras y grandes!-

Y luego el cuarto… Con muchas ventanas, balconcito…¡¡¡Todo!!!

Nos dormimos rápido, disfrutando el silencio. De noche en Acaxochitlán no hay nadie… Todos metidos en su casa. No se oye ni música, ni coches, ni aviones… Se duerme delicioso…

Pero… ¿Siempre hay un Pero verdad…??

Por ahí de las 4 de la madrugada, que empiezan  los pinches gallos a decir que ya casi es de día… A lo cual los pajarillos tan lindos contestan que ni madres…Que todavía está obscuro… ¡Se dieron un agarrón, que pa’ que les cuento!

Yo no abrí los ojos… Pero ya sabía que la rica noche había finalizado…

Luego… Como a las 4.30, los gallos insiste e insiste y los pajaritos… ¡Que obedecen!..Y no supe si se pusieron a cantar o a rezongar pero, les gustó el balconcito para hacerlo… Ah! Y invitaron a las palomas, tan románticas… Y se oía el curucú, curucú, y los pío, pío, y por allá más lejos el quiquiriquí…Todo un concierto…

El mareado solo se volteó… Y yo seguí sin querer abrir los ojos.

Ya cuando dieron las cinco, la campana de la iglesia empezó a llamar a misa… Digo, porque era domingo ¿verdad?… Y se siguió y se siguió hasta que a las 5.30, nos regaló el himno nacional a tono de campana.  Yo ya estaba lo suficientemente irritada como para ponerme a pensar en la separación de la iglesia y del estado y lista para irles a preguntar que qué onda con el Ave María… Pero… no…, no se podía salir, afuera todavía estaba rete obscuro…

 

Y empezó la gente a salir… La calle se llenó de ruidos, palabras, risas, y coches…

A todo esto el mareado voltea, abre medio ojo y pregunta… “¿Qué pasa?”  Y yo, buena y amante esposa le contesto: “Nada, tu duérmete… Apenas son las 6.”

Lo bueno de estar cerquita de la plaza y de la iglesia es que pude escuchar toda la misa, porque el padre, imagino que la dice también para los que están poniendo sus puestitos p’al mercado y usa altavoz… El sermón fue de no sé qué  muy bien, algo de cuidar el agua…

Total que dieron las 7. El mareado despertó y dijo…: “¿Que nochecita verdad? No dormí…”

¡Já…! Pues habrá sido antes de las 4, mi amor, porque después… ¡La que estaba despierta era yo!

Ah! Y obvio… Ya capté porque de noche no hay nadie en Acaxochitlán… ¡Si ya se saben el rollo de los pajaritos y del altavoz!

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