Mi Djinn

Publicado el 16 septiembre, 2007

 

 

Mi Djinn

 

 

 

 Sí, ya sé, así no se escribe… pero mi pantalón de tela azul como los de los vaqueros, era mi Djinn.

 

Se acaba de romper, al ladito de la bolsa de atrás, ni siquiera en una costura… no de viejo, pero sí de usado.

 

 Sí, ya sé, se ve raro eso de que alguien escriba sobre un Djinn pero para mí es importante. Nomás no lo puedo tirar. Cuando me lo ponía, me sentía delgada, guapa y hasta deseable. Ponerme un Djinn, ser por fin “como los demás”, participar en  esa fiesta del uniforme, yo que no los soporto, era por fin sentirme parte del mundo de « los Guapos”. 

 

 Cuando era adolescente, nunca hubo un Djinn para mí… demasiado gorda. Los Djinns para los gordos no existen. Claro están las tallas extras pero los Djinns los hacen diferentes, como de no sé qué otra tela, ¡una tela especial para gordos, pues! De todas maneras, las tallas extras, para aquellos que no las conocen de cerca, son de ropa-costal, con flores grandototas para las mujeres y cuadrototes para los hombres. ¡Como si, nomás porque te sobran los kilos, también te tengan que sobrar los colores!

 

Y, cuando por fin adelgacé, Y tuve dinero para comprarme un Djinn, Y tiempo para ir de tiendas, llegó  esa pinche moda en la que los pantalones nomás ya ni el culo te cubren y parece que son como vitrinas de rayas, y de plano no te los puedes poner si tienes el vientre deformado por los embarazos, las operaciones  y la piel estriada por los kilos y las dietas ( de hecho, en mi vida llevo como 150 kilos para abajo de tanto bajar de peso y volver a engordar).

 

 Por eso era mágico, mi Djinn: falsas bolsas en el frente que me aplacaban la barriguita sin asfixiarme, de tela estretch (¡Qué poca madre es ese invento!), una altura normal con un cierre de tamaño normal también ( estoy segurísima de que esa moda de los pantalones-veme-la-raya nomás los inventaron para ahorrarse una lana en los cierres), su tela de vaquero de adeveras… Su manera de poner mis nalgas en su justo sitio… Me gustaba ponérmelo…y él ¡lo sabia!

 

“¡Pues ve y cómprate otro!”

 

 ¡Pus sí, claro!..Para empezar ni ganas tengo: las tiendas fuera del presupuesto de los mortales comunes, o esas tiendas en las que te recibe una chava-esqueleto que se te queda viendo con ojos de pescado cuando se te ocurre pedir tu talla…” ¿Talla qué??? No si aquí nomás hay cero, doble o triple”… o de perdida el súper que es el lugar que más me late porque me puede dar la vergüenza solita sin que nadie me diga: “¿Ay, güerita, no le quedó…? Pero si es el más grande…”

 

 Y eso que ya bajé de peso… Estoy muy requeteantojable… No antojada… ¡Que chinga pues! No pienso regresar a las tallas extra, ni al departamento de caballeros… Ni mucho menos al departamento de maternidad.

 

¡Chingaderas!

 

 Mientras, mi Djinn, lo tengo en mis piernas para poder escribir… No lo pienso meter al basurero.

 

Se va conmigo, a mi cama, en mis brazos… Pa’llorar un rato.

 

 Llorar pensando en las tallas extra, que, en mi mente, no he podido dejar…


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