Más palabras

Publicado el 26 abril, 2010

Más palabras

Hace un tiempo, me quejaba de que no me alcanzaban las palabras para decir mi padre.

Y de plano, hoy, hay demasiadas.

Primero, para que estemos claros:

-No falleció, murió.

-No se fue, murió.

-No cambió de mundo, murió.

Murió, murió, murió.

Dejen ya de cambiar las palabras para esconder la realidad. El murió… Nada más, murió. M.U.R.I.O… Murió.

Y luego está el tiempo que utilizo. Me había prometido no decir nunca “era, tenía…”. Yo quería, como por superstición, seguir hablando de él en presente… Pues, no hubo manera. La realidad, otra vez, ganó. La primera vez, oí como un “Plic”! Como la primera gota de agua que cae antes del diluvio.

Era… Tenía…

Ya no voy a casa de mis papás, voy a casa de mi mamá.

Ya no hablo a casa de Papy y Mamie…

Yo que evitaba hablar con él, ya no lo puedo hacer… Solo en silencio, dentro de  mi corazón y de mi cabeza.

Yo que tan seguido he animado a los demás a buscar las señales de los espíritus, no veo nada… No oigo nada…

Solo dos sueños, pero… ¿Como adivinar si realmente vino o si fueron tantas las ganas, que yo solita lo vi…?

Las palabras me traicionan.

Digo que estoy bien cuando no tengo idea de que en qué voy. Me ahogo en la tele para tratar de silenciar mis pensamientos. De asfixiar las palabras.

Las palabras me embrujan, me vuelven loca.

Lo que él me dijo… Tan poquito… A mí, solo me pidió agua… Nada más. No hubo consejos para el futuro, ni siquiera un “Te quiero”… A mí, no me tocó nada.

Y lo que yo le dije… ¿Cuántas veces le repetí que se estaba muriendo? ¿Cuántas veces?…

La vez que le expliqué las palabras del doctor, esas palabras que se rehusó a escuchar.

Y luego, después de una cita, cuando le grité porque no entendía nada, que ¡Chingada Madre! Se iba a morir y que se tenía que organizar.

Y llegando al hospital, en urgencias, cuando se quería ir a fuerzas… Aunque le haya repetido lo que él y yo sabemos, sabíamos, perdón, del Después. Y al día siguiente, cuando se arrancaba la máscara y que lo amenacé… casi, diciéndole que si nos íbamos, se iba a morir en el coche, a medio periférico…

Y esa misma noche, cuando me prometió quedarse otro poco en el hospital. En ese momento, le mentí: le dije que así podría recuperarse un poco y que luego lo llevaríamos a casa, para que ahí se muriera…

Cinco veces…

Dos veces, le hablé en futuro.

Las otras tres, le dije: “Papá, te estás muriendo”. ¿Habrá entendido lo que le decía…?

Y luego, todas esas palabras que me dice la gente: está mejor ahora, resignación, piensa en ti, en tus hijos…

Para empezar… ¡Sí pienso en mis hijos! ¿Qué se cree toda esa gente bien intencionada? ¿Qué me olvidé de ellos? ¿O qué los dejé en algún lado, allá por la carretera? ¿O qué, pués?

Y además… ¿Cómo saben que ahora está mejor? ¿Ellos si hablaron con él o qué?

Y la resignación… ¿Y qué con esa renacuaja palabra?… Aceptar, vivir con la idea, respirar… Sí, eso es obvio. ¿Pero resignarse? No veo a que viene. Se murió, sí, pero está en el orden de las cosas, vivió como pudo, muchas veces como quiso. ¿Entonces?… ¿A qué viene ese rollo de la resignación?…

Prefiero a la gente que calla… Los que me dicen que no saben que decirme… Los que me dejan sentir mi dolor, y que no me obligan a salir.

Este torbellino de palabras me impide respirar

Hay demasiadas palabras ahora, demasiadas palabras.

Cet article a été publié dans Uncategorized. Ajoutez ce permalien à vos favoris.

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s