Aquel desierto

Publicado el 12 mayo, 2010

Aquel desierto

No hice más que caminar, esta noche, durante horas. Caminé por un llano de arena blanca, sembrado de gruesas piedras polvorientas. El desierto, el de las pesadillas, el del más allá.

Caminé, caminé, caminé. Toda la noche.

El calor era agobiante, el sol en el cielo negro, cegador.

A pesar de todo, seguí: te estaba buscando.

Antes de partir, te pedí ayuda, un consejo. Y sabía que tendría una respuesta.

Caminé sola mucho tiempo, creo. Los pies y los ojos ardiendo, evitando las piedras que me cerraban el paso. Piedras blancas, cubiertas de un polvo finísimo.

Te llamé dos veces, en voz alta: “ Papá!”

Y al fin, cuando ya no aguantaba tanta blancura inmóvil, te sentí, aquí, cerquitita, a mi lado.

Y caminaste conmigo. Juntos, atravesamos ese famoso desierto. Hasta el final. De tus manos, recibí unas líneas, un mapa, otra vez un código… Un código que no entiendo y que no tuviste tiempo de explicar.

Solo sé que tengo que seguir ese camino y avanzar.

Esta noche, caminé contigo, papá.

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