A mis hijos

Publicado el 2 mayo, 2007

A mis hijos…

¡Pues vaya tarea la que me han dado hoy!  ¡Nada más y nada menos que la de escribirles sobre la grandeza de ser madre!  Mi primera reacción fue decir que no. No a desnudar mi alma frente a los demás. No a descifrar mis sentimientos hacia ustedes. Y sobre todo no al titulo de grandeza. Yo no he sido una gran madre. Me he equivocado tantas veces…Tantas veces he pensado en el pasado y deseado regresar para volver a empezar. Y aunque la voz de la razón me confirma que sin lo que hemos vivido no serían ustedes, ni sería yo, los que somos hoy, no deja de dolerme.

Pero mientras pasaba la tarde, revoloteaban en mí las alas de nuestros sentimientos, tanto el amor que nos tenemos como la rabia que a veces nos invade…y me senté a escribir…para mí y tal vez para ustedes.

Mis hijos… ¿Quienes son? … ¿Los jóvenes que veo hoy caminar por la vida con la mirada en alto y la sonrisa en los labios? El que me llama para decir: “¿Mamita, puedo salir?” ¿La que me deja notitas por la casa: “Te amo mamá”? ¿El que se deja dar un beso de vez en cuando? ¿O los que se acabaron el jamón, dejaron la mugre toalla en el piso y dieron tal portazo que la casa se cimbró?… ¿El que desde las alturas me abraza o el que se encierra en su cuarto?… ¿El que ya sabe cocinar o el que no quiso probar la sopa ( ¡claro, si era de verduras!) ¿La que se ríe de todo o la que llora en secreto? ¿O aquellos que conocí  algún día y a quienes alzaba en mis brazos? ¿Que al verme invariablemente sonreían y corrían hacia mi? ¿A quienes les tejí innumerables suetercitos taaan monos…?

¿O aquel hijo que nunca llegó, el que partió antes de tiempo y dejó por siempre una herida?

¿Quienes son mis hijos y donde está esa famosa grandeza? ¿En lo que les enseñé o en lo que aprendí?…

Al mirar hacia atrás veo muchas alegrías, profundas y fuertes, de las que iluminan una vida: El primer diente…El primer paso… El mejor amigo…La primera novia…Las confidencias…

Tantos motivos de orgullo también. Recuerdo esa vez en que, después de caer, uno de ustedes me dijo…:” Yo me levanto solo”.

Pero también recuerdo y vuelvo a vivir tanta pena…Tanto sufrimiento…Los hospitales…Las pesadillas…

“Que te manda llamar el maestro, mamá…” “Que la directora esto…Que la escuela aquello…” “Que no quiero vivir más, mamá…”

Y aunque sé, en mi alma, en mi corazón, en todo mi ser y con todas mis fibras que salimos adelante y que si lo hicimos fue porque estuve allí, siempre, con ustedes…aunque sé todo aquello…como duele recordar…  Aunque los vea caminar por la vida tan grandes y tan fuertes.

Y al voltear al futuro, siento, lo tengo que decir, tanto cansancio… Volteo a mi alrededor y veo que esto no termina jamás…Que el ser madre, es eterno, tanto en las alegrías como en las penas… y me siento igual que siempre, mala madre por desear, aunque fuera por un tiempo, no haberlo sido nunca…

Por eso esta carta, para ustedes tres y también para el que se fue. Porque quiero decirles frente a todos, frente al mundo y frente a mí, que el conocerlos ha sido más grande que el cansancio, más fuerte que el odio, más terrible que el amor…que la grandeza a la que pueda yo llegar algún día, me la dan ustedes a través de cada mirada…

Porque ustedes me dan motivo para despertar por las mañanas…y para seguir andando, anhelando la luz que veo en sus ojos…

 Por hacerme comprender que las espinas tienen rosas…

Mamita

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